La información fue revelada este viernes por Bloomberg, citando a personas familiarizadas con las discusiones dentro de la Administración. El reporte señala que Washington considera actualmente más efectivo intensificar las sanciones y el aislamiento financiero que recurrir a fuerzas militares para intentar provocar un cambio político en la isla.
El giro resulta especialmente significativo después de meses de fuertes mensajes desde Washington sobre Cuba y de la operación estadounidense en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro.
Sin embargo, que la vía militar pierda protagonismo no significa una reducción de la presión sobre La Habana. Todo apunta precisamente a lo contrario.
La nueva prioridad de Trump: cortar el dinero al régimen cubano
Según las fuentes citadas en el reporte, el objetivo de la Casa Blanca sería reducir cada vez más los ingresos que llegan al aparato estatal, las Fuerzas Armadas y las estructuras económicas relacionadas con la élite gobernante cubana.
La estrategia parte de la idea de que aumentar las dificultades financieras del Gobierno podría profundizar las divisiones dentro de las estructuras de poder y eventualmente obligar a La Habana a negociar.
La Administración considera que existen diferentes centros de influencia dentro del sistema cubano, entre ellos las Fuerzas Armadas, la burocracia del Partido Comunista y sectores relacionados con la familia Castro.
Esto convierte a Cuba en un escenario considerablemente diferente al venezolano.
Washington no estaría viendo actualmente una operación militar como la opción más conveniente para provocar un cambio de poder en la isla. Además, la guerra en Irán continúa consumiendo recursos y atención estadounidense, mientras Trump ha mostrado resistencia a involucrar tropas terrestres en nuevos conflictos, según el reporte atribuido a Bloomberg.
GAESA está en el centro de la ofensiva económica
Una pieza fundamental de esta estrategia es GAESA, el poderoso conglomerado empresarial administrado por las Fuerzas Armadas cubanas.
El Gobierno estadounidense ha intensificado durante 2026 sus acciones contra las estructuras económicas relacionadas con los militares.
El 1 de mayo, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404, que estableció un nuevo programa de sanciones dirigido contra personas y entidades consideradas responsables de la represión en Cuba o de amenazas contra la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.
Días después, Washington utilizó esas nuevas facultades para sancionar a GAESA y advirtió que podían producirse nuevas designaciones. La orden también amplió el riesgo de sanciones secundarias para actores extranjeros que proporcionen apoyo material, bienes o servicios al Gobierno cubano o a personas bloqueadas bajo este programa.
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha dejado claro además que Washington pretende cerrar posibles mecanismos utilizados por La Habana para aliviar la presión.
En declaraciones divulgadas recientemente, Rubio sostuvo que Estados Unidos buscará impedir que el régimen encuentre nuevas vías para escapar de las restricciones económicas.
Washington tampoco quiere una Cuba fuera de control
Existe, sin embargo, otro elemento que estaría pesando en los cálculos de la Casa Blanca: el riesgo de un colapso descontrolado a apenas 90 millas de Florida.
Según el reporte, funcionarios estadounidenses consideran que una desestabilización sin una alternativa política clara podría generar un nuevo problema de seguridad nacional para Estados Unidos.
Una crisis de esa magnitud podría tener consecuencias económicas, humanitarias y migratorias para la región.
El problema para Washington es que no existe actualmente en Cuba una transición claramente definida ni una figura de consenso preparada para asumir el poder en caso de una fractura repentina del sistema.
La estructura cubana, además, no dependería exclusivamente del presidente Miguel Díaz-Canel. Estados Unidos considera que el poder se encuentra repartido entre diferentes estructuras políticas, militares y familiares.
Esa realidad hace mucho más difícil predecir qué ocurriría inmediatamente después de un eventual colapso del Gobierno.
La opción militar pierde fuerza, pero no desaparece completamente
La revelación de Bloomberg tampoco significa que Trump haya descartado formalmente el uso de la fuerza.
La Administración mantiene abiertas diferentes herramientas de política exterior y la imprevisibilidad ha sido históricamente uno de los elementos utilizados por Trump en negociaciones internacionales.
Pero la fotografía actual que emerge desde Washington apunta a que las sanciones económicas tienen prioridad sobre las armas.
Esto supone un cambio importante en el debate de las últimas semanas, especialmente después de que altos funcionarios estadounidenses endurecieran considerablemente sus declaraciones sobre Cuba.
El precedente venezolano había alimentado además las especulaciones sobre la posibilidad de que Washington considerara una acción similar contra la cúpula cubana.
Por ahora, esa posibilidad parece haber pasado a un segundo plano.
La presión sobre Cuba podría aumentar todavía más
Para La Habana, sin embargo, la noticia difícilmente representa un alivio.
Si la estrategia descrita termina consolidándose, el régimen cubano podría enfrentar una ofensiva económica todavía más intensa durante los próximos meses, especialmente contra empresas controladas por los militares, operaciones financieras internacionales y mecanismos utilizados para obtener divisas.
La Administración Trump parece apostar a que el deterioro financiero termine aumentando las tensiones dentro de la propia estructura de poder cubana.
Washington estaría buscando así conseguir mediante presión económica lo que una operación militar podría intentar conseguir mediante la fuerza: alterar el equilibrio interno del régimen y crear las condiciones para un cambio político.
La diferencia es que esta estrategia podría desarrollarse durante meses o incluso años.
Para los cubanos dentro y fuera de la isla, el mensaje que deja el reporte es importante: Washington parece alejarse, al menos por ahora, de una intervención militar directa, pero no de su objetivo de aumentar la presión sobre el Gobierno cubano.
La batalla contra La Habana entra así en una nueva etapa, con las finanzas, el petróleo, las empresas militares y el acceso a divisas convertidos en algunos de los principales frentes de presión.


