Venezolanos contradicen a Trump: «Amamos nuestro país, pero no somos felices»

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Las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre una supuesta felicidad de los venezolanos contrastan con los testimonios recogidos por El Pitazo en Caracas, Miranda, Lara, Portuguesa y Bolívar. Los ciudadanos coinciden en que el apego a su tierra no elimina las dificultades económicas, el deterioro de los servicios públicos y la incertidumbre que enfrentan cada día

Yo  amo mi país, pero no me siento feliz». La frase de la pensionada María Vargas, caraqueña de 68 años de edad, resume el sentir que predominó entre los venezolanos consultados luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmara en varias oportunidades que Venezuela es «un país muy feliz de nuevo».
Con esa premisa, reporteros de El Pitazo en distintos estados del país preguntaron a los ciudadanos si realmente son felices en Venezuela, qué opinan de las declaraciones del mandatario estadounidense y qué tendría que cambiar para que pudieran sentirse plenamente satisfechos con su calidad de vida.

Las respuestas reflejan una realidad marcada por las dificultades económicas, el deterioro de los servicios públicos, la crisis del sistema de salud, los bajos salarios y las secuelas que dejó el doble terremoto del 24 de junio. Aunque muchos aseguran sentirse felices por permanecer en su tierra y junto a sus familias, coinciden en que las condiciones de vida están lejos de justificar el optimismo expresado por Trump.

Las declaraciones más recientes del mandatario estadounidense ocurrieron durante una entrevista con Fox News en la que sostuvo que, pese a los terremotos ocurridos en junio, Venezuela es ahora «un país muy feliz de nuevo».

Trump también aseguró que las decisiones tomadas por su administración tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores el pasado 3 de enero han generado beneficios económicos tanto para Estados Unidos como para Venezuela y que el país «es un lugar diferente» después de esos acontecimientos.

Sin embargo, esas afirmaciones contrastan con la realidad descrita por los venezolanos entrevistados. María Vargas recuerda que antes el dinero alcanzaba para cubrir las necesidades del hogar y que hoy los ingresos apenas permiten sobrevivir.

«Yo amo mi país, pero no me siento feliz. Me haría feliz que Venezuela fuera como antes, cuando podías comprar lo que quisieras y el dinero rendía», expresó.

Los venezolanos de a pie no se sienten felices como asegura Donald Trump y le piden informarse bien de lo que ocurre en el país. | Foto: El Pitazo 

Un empleado público, que pidió mantener su identidad en reserva, coincidió con ella. Explicó que el constante aumento de los precios hace imposible que una gran parte de la población cubra siquiera la alimentación básica.

En el oeste de Caracas, un sobreviviente del doble terremoto de La Guaira aseguró que no puede hablarse de felicidad cuando miles de personas perdieron sus viviendas y seres queridos. Además de cuestionar las cifras oficiales de fallecidos, señaló que percibe menos de un dólar mensual de salario y que esa realidad impide cualquier proyecto de vida.

Otro de los entrevistados, el artista plástico y profesor Onofre Fría, ofreció una visión distinta. Reconoció que los terremotos y la situación política generan un impacto emocional negativo en la población, aunque considera que Venezuela atraviesa un proceso de transformación cuyo desenlace debe ser decidido por los propios venezolanos y no por intereses externos.

Onofre Fría, artista plástico caraqueño. | Foto: El Pitazo 

La cotidianidad desmiente a Trump 

En los Valles del Tuy, estado Miranda, Mileydis Piñero resumió una contradicción compartida por muchos venezolanos: se siente feliz de vivir en su país, pero no de las condiciones en las que le toca hacerlo.

«Somos felices porque estamos en nuestra tierra, pero la situación es demasiado difícil. No tenemos agua, no tenemos luz, el dólar sube todos los días y la comida es cada vez más cara», afirmó.

En Lara, la realidad cotidiana también desmiente la imagen descrita por Trump. Anabelle Camacaro es familiar de un paciente renal y, tres veces a la semana, debe llevar a su esposo a la unidad de hemodiálisis de Barquisimeto, un centro que, al igual que el resto del estado, registra fallas de electricidad, agua, aires acondicionados e intermitencia del personal médico y de enfermería debido a los bajos sueldos de apenas 130 bolívares.

La incertidumbre es parte de su realidad, con sesiones de hemodiálisis de tres horas cuando deberían ser cuatro y al llegar a su hogar su esposo no puede tener un buen descanso porque en su casa de Las Mercedes, municipio Palavecino, se va la electricidad sin falta seis horas cada día, llevándose consigo también la posibilidad de obtener agua por tubería, la cual solo llega uno o dos días a la semana.

Frente a esta situación, le responde a Donald Trump: «No diga que Venezuela es feliz cuando usted no ha pisado este pueblo». Para ella, los bajos sueldos, la decadencia en los servicios públicos y la imposibilidad de acceder a una salud decente inhumanizan la calidad de vida del venezolano.

En el país se vive en una desesperanza inducida, considera el barquisimetano Alberto Domínguez. «Los venezolanos estaremos en una felicidad colectiva cuando haya insumos en los hospitales, cuando tengamos todos los servicios públicos a disposición para el 100 % de los venezolanos, cuando haya justicia y paz, cuando cerremos la puerta definitiva a esta tragedia revolucionaria», aseguró al equipo de El Pitazo.

En el estado Bolívar los ciudadanos no creen que hay un clima de felicidad. Por el contrario, piensan que la gente está angustiada por la precariedad en los servicios y las dificultades económicas.

«Yo no puedo estar feliz y bailando en las calles como dice el presidente de los Estados Unidos. Si él está diciendo eso es porque desde Venezuela le están pasando información falsa. Aquí la gente está angustiada y peleando todos los días con el dólar», dijo María Sifontes, una ama de casa de San Félix.

Los ciudadanos en el estado Bolívar no están felices debido a la precariedad en los servicios públicos que atraviesan. | Foto: El Pitazo 

Los ciudadanos en el estado Bolívar no están felices debido a la precariedad en los servicios públicos que atraviesan. | Foto: El Pitazo 

En el sur del país, donde se genera parte de la electricidad que consume toda Venezuela, hay apagones con frecuencia y durante las últimas semanas se ha incrementado el descontento popular.

«Nosotros aquí tenemos 14 días sin luz. No hay razón para estar felices ni para bailar», dijo Marian Torres, una vecina del sector Cristóbal Colón.

Entretanto, Rubén González, un experimentado dirigente sindical de la estatal Ferrominera Orinoco, señaló que persiste la persecución y el amedrentamiento hacia los líderes laborales que defienden los derechos de los trabajadores. Por lo tanto, considera que la realidad del país no ha cambiado como sostiene Trump.

«La realidad no es como Trump la quiere mostrar»

Desde Portuguesa, la profesora jubilada María Piñero sostuvo que el país no puede hablar de felicidad mientras persistan salarios y pensiones insuficientes, así como el deterioro de los servicios públicos.

«Hay personas que apenas logran sobrevivir. Aunque algunos podamos resolver, muchos otros no. La realidad no es como Trump la quiere mostrar», afirmó.

Los testimonios coinciden, además, con los resultados de la encuesta «Verdad Venezuela», realizada por Meganálisis entre el 18 y el 28 de julio de 2026. El estudio concluye que, tras los sismos del 24 de junio, predominan sentimientos de indignación, impotencia y tristeza entre la población.

Venezolanos viven con impotencia e indignación según encuesta de Meganálisis. | Foto: El Pitazo 

Asimismo, la encuesta señala que el respaldo de la administración Trump a figuras del oficialismo ha provocado altos niveles de decepción, confusión e indignación y que la imagen positiva del mandatario estadounidense cayó 70,7 % entre enero y julio de este año.

Aunque las historias recogidas por El Pitazo muestran matices distintos, existe un punto de encuentro entre quienes aceptaron responder las preguntas: la mayoría asegura que su felicidad está ligada al afecto por su país, su familia y sus raíces, pero no a las condiciones en las que vive.

Más que negar el amor por Venezuela, los entrevistados describen un país donde los salarios no alcanzan, los servicios públicos fallan, el sistema de salud enfrenta carencias y miles de personas aún intentan recuperarse de una tragedia que cambió sus vidas. En ese contexto, consideran que afirmar que los venezolanos son felices no refleja la realidad que experimentan cada día.

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