La promesa rota de Trump con las criptos: una mina de oro para su imperio, pérdidas millonarias para los inversores

Samuel J. Gómez
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“Me forré con la memecoin de Trump, pero perdí todo el mes siguiente”, se sincera un usuario en X. “Es un perfecto esquema Ponzi”, asegura otro. “Es una estafa, un fraude”. En otras redes sociales hay miles de comentarios de este tipo, de inversores que preguntan “¿y qué se esperaban?” y otros que han visto esfumarse sus ahorros tras perseguir la promesa de ganancias rápidas.

Donald Trump volvió a la Casa Blanca con la promesa de que iba a empezar una nueva era para las cripto. Alimentó el entusiasmo de miles de personas que apostaron por este mercado legitimado por el mismísimo presidente. Pero el balance no es el esperado. No solo ha incumplido buena parte de sus promesas, sino que ha puesto de manifiesto una contradicción de su propia retórica populista: mientras se presenta como defensor de la libertad de los inversores y de un sector que nació desafiando a las élites tradicionales, ha multiplicado su fortuna con sus negocios cripto, al tiempo que muchos han acumulado pérdidas multimillonarias.

Pese a su pasado como escéptico de las criptomonedas —llegó a decir que eran una “estafa”—, Trump regresó a la campaña electoral de 2024 convertido en un auténtico criptobro. Con proclamas grandilocuentes, juraba y perjuraba que iba a revertir el régimen hostil contra las criptos de la administración de Joe Biden;Entretanto, sus hijos fundaban World Liberty Financial (WLF), una empresa dedicada al comercio de activos digitales.

La conversión de Trump al universo cripto no responde a una profunda convicción ideológica ni a un conocimiento detallado del sector. La lógica detrás de este viraje es puramente económica: la industria se ha convertido en una mina de oro para su negocio, hasta convertirse en el principal donante de las elecciones de medio mandato. Por eso se subió a la ola de las criptos.Al poco, Trump se convirtió en uno de los mayores altavoces del sector hasta dar el paso que nadie esperaba: lanzar la memecoin $TRUMP.

La criptomoneda, sin subyacente ninguno y cuyo fin era simplemente mostrar apoyo al presidente, llegó a valer más de 10.000 millones de dólares. Pero se desplomó a las pocas horas, dejando a la mayoría de inversores con las manos vacías. Un informe de la firma de análisis cripto Nansen recogido por medios estadounidenses estima que casi un millón de inversores que compraron $TRUMP perdieron, al menos, 3.810 millones de dólares.

El republicano, en cambio, ingresó 1.400 millones de dólares en criptomonedas en el primer año de su segundo mandato, según su declaración financiera. De esta cantidad, 635 millones proceden de las ventas de su criptomoneda meme a través de la compañía CIC Digital. Pese a que el activo perdió todo su valor (cae un 97% desde su lanzamiento y vale 600 millones), él ganaba independientemente de si su precio subía o bajaba, porque recibía beneficios cada vez que alguien intercambiaba los tokens, algo que él mismo incitaba a hacer: organizó cenas exclusivas para sus inversores y lanzó un videojuego que simulaba su vida, y que funcionaba con este activo.

Trump ha recibido aceradas críticas por sus negocios con estos activos digitales. Le acusan de conflicto de intereses por promocionar políticas a favor de estos activos financieros con los que hace negocios. “Está promulgando políticas que benefician a la industria cripto. Pero bajo la superficie se esconde un extenso plan de enriquecimiento personal que ha permitido al presidente y a su familia obtener grandes beneficios, incluso mediante acuerdos con naciones extranjeras”, señala el Center for American Progress (CAP), un think tank de tendencia progresista.

La plataforma social Reddit es objeto de debates acalorados sobre los activos digitales del presidente y las pérdidas de miles de usuarios. Cuando se le pide a la inteligencia artificial de esta red social que busque conversaciones con las palabras “Trump” y “criptomonedas” resume las opiniones en tres frases: “Muchos creen que Trump se enriqueció con cripto mientras otros perdían dinero”. “Los usuarios dicen que las monedas de Trump funcionaron como sobornos o lavado de dinero”. “Varios ven las monedas como un pump-and-dump (inflar y desinflar) o rug pull (tirar de la alfombra) que arruinó a inversores minoristas”, es decir, dos tipos de estafas para manipular un mercado financiero.

Pero no se enriqueció solo con la memecoin. En pleno auge de las criptos, impulsado por sus mismas políticas, Trump y sus allegados lanzaron WLF, uno de los activos más valiosos de The Trump Organization, el paraguas corporativo a través del cual la familia del presidente agrupa sus negocios. Con esta empresa firmaron decenas de acuerdos y alianzas con distintas compañías del sector. Parte del negocio consistía en acumular los tokens de sus socios en una especie de reserva estratégica.

Así, engordaron su tesorería con activos casi desconocidos… Criptomonedas que, gracias al efectoTrump, subían de precio. Según un análisis de Nansen para Bloomberg, los tokens solían revalorizarse entre un 10% y un 26% en las 24 horas posteriores a las compras de WLF. Pero ese impulso fue efímero.

Con la caída del mercado cripto, los precios de todos los activos se desplomaron. Las dudas sobre la viabilidad de la estrategia empresarial basada en la acumulación de tokens agravaron las caídas, paralizando muchos de los acuerdos anunciados que nunca llegaron a materializarse, mientras la empresa vendía sus posiciones.

En la mayoría de los casos, un inversor que hubiera comprado estos tokens tras conocerse las adquisiciones de WLF, es decir, cuando los precios habían subido, habría acabado perdiendo dinero. Todos menos Trump: estos activos aparecieron en su declaración financiera como ingresos vinculados a la actividad de la compañía. Ingresó más de 520 millones de la venta de criptomonedas y otros 250 millones por la venta de acciones de la compañía.

El enriquecimiento gracias a sus políticas es polémico, pero también se le acusa de tráfico de influencias. El Instituto Cato, uno de los centros de análisis conservadores, recuerda cómo Trump indultó a Changpeng Zhao, cofundador de Binance, quien había sido condenado por violar las leyes contra el lavado de dinero. Binance fue decisivo para desarrollar la stablecoin de WLF. “El proyecto le reportó a Trump cientos de millones, parte de los mil millones en ganancias de criptomonedas, mientras que la mayoría de los compradores de tokens perdieron dinero”, recuerda el think tank.

En paralelo, Trump está cortejando a los líderes del sector. A los pocos meses de volver al Despacho Oval, organizó una cena con más de 200 representantes de la industria. Y poco después publicó un informe de 166 páginas a favor del sector, anticipando una regulación favorable. Recientemente, se volvió a reunir en la Casa Blanca con los ejecutivos de Coinbase, Ripple y otras plataformas de inversión cripto, donde anunció que impulsaría una reforma legal que favorezca al sector, la Ley de Claridad. Pese a las presiones del presidente, la semana pasada el Senado de EE UU tumbó el texto.

La familia Trump se beneficiaría de una regulación más laxa. Una investigación pormenorizada de Reuters sobre sus negocios digitales concluye que el presidente y sus hijos han aumentado su patrimonio en al menos 2.300 millones de dólares por sus proyectos cripto desde que regresó a la Casa Blanca y todo sin invertir apenas dinero de su bolsillo. En cambio, estiman que el resto de inversores han sufrido pérdidas de 2.300 millones de dólares. Los perjudicados son compradores minoristas de criptomonedas y acciones vinculadas a estos activos, y aquellos que invirtieron indirectamente a través de fondos con exposición a las criptomonedas de Trump.

Doble paradoja

Las ganancias apabullantes del republicano y las pérdidas millonarias de muchos inversores reflejan una doble paradoja. Por un lado, chocan con la retórica populista con la que Trump se presenta como defensor de la ciudadanía frente a las élites económicas, pese a que buena parte de la riqueza generada termina concentrándose en su entorno.

Paolo Gerbaudo, investigador sénior en Ciencias Sociales de la Universidad Complutense de Madrid, explica que el populismo es una ideología que defiende la soberanía popular, el poder del pueblo. Y, por ello, también debería defender el interés económico de la población contra los intereses de las élites. “Pero eso no compagina con un sistema que es más bien lo contrario: concentra los recursos de muchos inversores un poco ingenuos en la cartera de un multimillonario, que ya no necesitaría más, pero acumula más. Se habla de populismo libertario, que une estas dos vertientes que parecen de por sí inconciliables”.

Por otro lado, cuestionan los fundamentos de las criptomonedas, concebidas originalmente como una alternativa al poder financiero y político establecido, pero que hoy sirven también para engrosar las fortunas de algunas de las figuras más influyentes del sistema.

Esta retórica antisistema, marcada por la desconfianza hacia el Estado y las instituciones, encaja con el ideario de una parte de la derecha populista y de líderes autoritarios que se han apropiado de la iconografía de este universo en su discurso político. “Ven al individuo como solo actor legítimo contra poderes que siempre quieren controlarte y quitarte la libertad”, resume Gerbaudo. Trump ha sabido explotar ese relato presentándose como el salvador del sector de un régimen opresor. El balance de estos dos años encierra una contradicción difícil de ignorar: lo que empezó como una rebelión contra el poder acabó integrado en las estructuras de poder existentes y, sobre todo, engrosando las fortunas que están al centro del poder.

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