La caída de los envíos de crudo desde Venezuela hacia Cuba, en medio de una mayor presión de Estados Unidos sobre la llamada “flota fantasma” venezolana, abre una pregunta clave para La Habana: ¿quién puede cubrir el déficit de combustible que deja Caracas?
Expertos consultados por EFE advierten que, si las entregas venezolanas disminuyen aún más, el impacto para la isla sería “desastroso”, en un contexto de apagones prolongados, crisis económica y falta de divisas para comprar petróleo en el mercado.
Según el reporte, la dependencia energética se consolidó desde el Convenio Integral de Cooperación Cuba–Venezuela (2000), cuando Caracas pasó a pagar servicios profesionales cubanos —principalmente médicos y profesores, además de expertos en seguridad y defensa— con petróleo.
Aunque no hay datos oficiales públicos sobre los volúmenes, especialistas citados, entre ellos Arturo López-Levy, coinciden en que los envíos han descendido en la última década por la caída de la producción venezolana y las sanciones estadounidenses.
Este año, Venezuela —que llegó a aportar 100,000 barriles diarios— habría enviado un promedio de 27,000 barriles diarios, según el servicio especializado de Reuters citado por EFE.
El problema es mayor porque, siempre según estimaciones independientes citadas, Cuba necesitó este año entre 110,000 y 120,000 barriles diarios.
De ellos, alrededor de 40,000 provienen de producción nacional y el resto debe importarse.
Esa brecha se traduce en la realidad diaria: apagones de hasta 20 horas, industrias paralizadas y largas colas para combustible.
¿Hay sustituto real? Rusia aparece como la alternativa, pero con límites
Para el economista cubano Ricardo Torres, Rusia es “el único país que podría ser una alternativa real a Venezuela”, aunque estima que Moscú no estaría en condiciones de asumir ese rol por la guerra en Ucrania, sus problemas económicos y la presión sobre su propia logística petrolera.
El texto añade una referencia del experto Jorge Piñón (Instituto de Energía de la Universidad de Texas), quien reportó que Rusia habría enviado unos 6,000 barriles diarios en 2025 y que llegaba a la isla un petrolero ruso con 330,000 barriles.
México es el otro actor mencionado, pero su aporte habría caído con fuerza: el año pasado envió alrededor de 23,000 barriles diarios y este año apenas 2,500, según datos de Pemex citados por EFE.
Torres atribuye parte del límite a la necesidad mexicana de “cuidar la relación” con Estados Unidos, destino de 85% de sus exportaciones.
En paralelo, el economista y politólogo Arturo López-Levy considera que la presidenta Claudia Sheinbaum podría estar dispuesta a “sacrificios políticos” por Cuba, pero advierte que México estaría cerca del límite de lo que puede hacer.
China: el nombre que surge, pero como financista
En el escenario descrito por López-Levy, la pregunta central no es solo quién suministra, sino quién financia: “quién financiaría compras en otros mercados, y quién se atrevería a vender y transportar el combustible” bajo el “acoso estadounidense”.
Ahí aparece China como un actor potencialmente “clave”, no necesariamente por envíos directos, sino por la posibilidad de otorgar créditos a Cuba o a proveedores (en dólares o yuanes), una decisión que el experto define como geopolítica.
López-Levy pide “no subestimar” la capacidad de resistencia del régimen cubano incluso en condiciones extremas, pero diferencia entre resistir coyunturalmente y resolver la crisis estructural, que —según su criterio— no tiene “perspectiva de solución”.
En síntesis, de acuerdo con los especialistas, no hay un sustituto claro para Venezuela.
Rusia aparece como la alternativa con más potencial pero limitada; México ha reducido drásticamente sus envíos; y China podría jugar, sobre todo, el papel de financista, si decide asumir el costo geopolítico de sostener nuevas compras de combustible para Cuba.


