Delcy Rodríguez busca blanquear su imagen en el exterior sin poner fecha a las elecciones

Samuel J. Gómez

Santiago Peña describió su encuentro con Delcy Rodríguez en Miraflores como una «hermosa reunión». El presidente paraguayo había llegado a Caracas con honores para conversar con una dirigente a la que su Cancillería llamaba «presidenta interina». Veinte meses antes, ese mismo Gobierno había reconocido como presidente electo a Edmundo González Urrutia, el candidato opositor de 2024, hoy exiliado en España. No constaba una revocación pública del reconocimiento. La reunión sí había ocurrido.

Desde la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, los gobiernos que lo cuestionaban negocian con la que fue su vicepresidenta. Hoy presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez busca financiación para reconstruir el país y defiende su pacto petrolero con Washington.

Paraguay y Venezuela acordaron avanzar hacia la normalización bilateral. Ante la ONU, Peña pidió el regreso venezolano al Mercosur, el bloque comercial del que está suspendido. Reclamó una transición democrática «genuina y duradera». Hablar con Rodríguez no suponía retirar esa exigencia ni restablecer automáticamente las relaciones rotas bajo Maduro.

Perú, por su parte, ha comenzado a recuperar sus canales. Anunció con Caracas una reanudación progresiva de los vínculos, empezando por los servicios consulares, y designó a Alicia Espinoza como cónsul general en Caracas. El canciller peruano, Carlos Espá, se reunió durante la Asamblea General de la ONU con su homólogo venezolano, Félix Plasencia González. El proceso no equivalía todavía a un intercambio de embajadores.

Chile siguió una vía consular. Su presidente, José Antonio Kast, saludó a Rodríguez como «presidenta encargada» y conversó con ella en Nueva York sobre reconstrucción e instituciones. Guillermo Ramírez, presidente de la Unión Demócrata Independiente, uno de los partidos aliados de Kast, advirtió que restablecer relaciones no debía interpretarse como respaldo a su Gobierno.

En la Casa Amarilla, sede de la diplomacia venezolana, Plasencia ha recibido las copias de estilo, previas a las credenciales, de representantes de Suiza, Egipto, Vietnam y la Unión Europea, entre otros representantes. La reorganización había comenzado con la sustitución de Yván Gil por Plasencia, hasta entonces representante venezolano en Estados Unidos. Rodríguez unió Exteriores y Comercio Exterior. La diplomacia quedó en manos del funcionario encargado del acercamiento a Washington.

Los terremotos del 24 de junio obligaron también a coordinarse con Gobiernos distantes. En su balance de los primeros días, Naciones Unidas informó de 44 equipos de búsqueda y rescate de 27 países, con más de 2.200 especialistas movilizados. Participaron España, Estados Unidos, Chile, Perú y El Salvador. Bukele ofreció 300 rescatistas y paramédicos, además de 50 toneladas de suministros. En la red social X escribió que había presentado la ayuda «al Gobierno de Venezuela» mediante su Cancillería. Rodríguez respondió: «Agradezco al presidente Nayib Bukele su ofrecimiento de apoyo al pueblo de Venezuela». El intercambio documentaba cooperación humanitaria, no un aval a su legitimidad presidencial.

Agenda internacional

Estados Unidos ha reconocido a Rodríguez como líder de Venezuela. La decisión afecta a quién representa al país y defiende sus activos en tribunales estadounidenses. Pedro Pablo Peñaloza, periodista venezolano especializado en política, sitúa en el reconocimiento estadounidense la clave del avance exterior. El cambio «va en cascada», explica a este diario. Según su lectura, los acercamientos de otros países acompañan un discurso de transición y medidas como las excarcelaciones y la apertura de espacios informativos.

El doctor Kenneth Ramírez, presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales (COVRI), un centro independiente de análisis, pone el acento en el condicionamiento estadounidense. «La interlocución es la que reconoce la potencia tutelar», dice a este periódico. A su juicio, la decisión de Washington de trabajar con Rodríguez explica tanto la visita de Peña como los acercamientos consulares de otros gobiernos.

Marco Rubio, secretario de Estado, atribuyó a las autoridades interinas avances en la liberación de presos y elogió el acuerdo petrolero. Mantuvo que el proceso debía culminar en elecciones libres. Trump se reunió con Rodríguez en Nueva York y ensalzó el pacto ante la ONU. Ella agradeció su cooperación y prometió elecciones, sin anunciar cuándo.

La agenda neoyorquina también incluyó a António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, y a responsables del Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Según Reuters, hablaron sobre la deuda, la energía y la reconstrucción. Su próxima intervención está prevista en Roma el 12 de octubre, en la apertura del Foro Mundial de la Alimentación, organizado por la FAO, la agencia alimentaria de Naciones Unidas. Madrid podría venir después. José Manuel Albares, el ministro de Asuntos Exteriores, anunció la invitación a la Cumbre Iberoamericana, que reúne a los dirigentes de 22 países el 4 y 5 de noviembre.

Ramírez interpreta esos viajes como una agenda de trabajo para atender la emergencia y buscar oportunidades económicas. Advierte que aceptar a Rodríguez como interlocutora no elimina los cuestionamientos a su legitimidad de origen. Para él, los gobiernos necesitan entenderse con quien controla el poder, sin que eso signifique una normalidad política recuperada.

Vente Venezuela, el partido liderado por la opositora María Corina Machado, sostiene que la persecución continúa bajo Rodríguez. La Plataforma Unitaria Democrática, coalición opositora, exigió tras su discurso un calendario verificable, una autoridad electoral confiable y el regreso de los exiliados sin persecución. «Ya basta de retórica», escribió en X. Por ahora Roma tiene fecha. Las presidenciales venezolanas, todavía no.

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