Diosdado Cabello, secretario general del partido y ministro de Interior, Justicia y Paz, llamó a las bases oficialistas a tomar las calles el mismo día, bajo la premisa de celebrar los veinte años de logros del poder comunal.
La coincidencia de ambas movilizaciones en la capital venezolana eleva la tensión. Por un lado, la marcha de los trabajadores tiene como objetivo llegar a la sede del Ejecutivo para exigir respuestas ante un salario mínimo que se mantiene congelado en 130 bolívares, una cifra que apenas alcanza los 0,28 dólares mensuales según la tasa oficial. Por su parte, Cabello justificó la movilización oficialista como el inicio de una agenda conmemorativa por los eventos de abril de 2002. Sin embargo, no desaprovechó la oportunidad para lanzar advertencias contra los sectores opositores.
Acusaciones de violencia y crisis de salario
El ministro de Interior acusó a la oposición de mantener una supuesta agenda de desestabilización. Cabello aseguró que el Gobierno está preparado para cualquier escenario, advirtiendo que ya saben cómo responder ante cualquier intento de generar violencia en la ciudad. Además de la pugna interna por el control de la calle, Cabello envió un mensaje de apoyo a Nicolás Maduro y Cilia Flores, actualmente detenidos en Nueva York, asegurando que regresarán al país más temprano que tarde.
A pesar de la narrativa política, el descontento social sigue anclado a la economía. Los trabajadores denuncian que la política de bonos del Gobierno, que suman unos 160 dólares sin incidencia prestacional, es insuficiente para cubrir las necesidades básicas. Entre las exigencias principales destaca el aumento real del salario mínimo, ya que el monto actual no cubre ni el uno por ciento de la canasta alimentaria. Asimismo, los manifestantes exigen una rendición de cuentas por las fallas constantes de luz y agua, pidiendo directamente a Delcy y Jorge Rodríguez que den explicaciones sobre la administración de los recursos públicos.


