La administración del presidente Donald J. Trump anunció un nuevo paquete de ayuda humanitaria de seis millones de dólares destinado a la población cubana afectada por los daños del huracán Melissa, con especial énfasis en las provincias del oriente de la isla. La asistencia contempla alimentos básicos, lámparas solares y suministros esenciales, que serán entregados a través de organizaciones humanitarias como la Iglesia Católica y Cáritas, bajo supervisión directa de funcionarios estadounidenses para evitar que la dictadura comunista se apropie de los recursos.

Esta decisión refuerza la política de Trump de ayudar al pueblo cubano sin fortalecer a la dictadura castrista, en un contexto en el que la crisis interna del país se profundiza por la escasez de combustible, los apagones constantes y la creciente presión sobre los países que aún mantienen relaciones energéticas con el régimen.
Como parte de esta estrategia, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva que contempla aranceles y sanciones adicionales contra las naciones que continúen vendiendo petróleo a Cuba. El objetivo es claro: asfixiar financieramente a la dictadura y forzar un cambio real en una estructura de poder que ha fracasado durante décadas.
El dictador Miguel Díaz-Canel, cabeza del régimen en Cuba, reaccionó calificando estas acciones como un supuesto “bloqueo energético”, intentando victimizar a la dictadura y desviar la atención del fracaso económico y político del sistema comunista, responsable directo del empobrecimiento y la falta de libertades del pueblo cubano.

Algunos aliados del régimen, entre ellos México, han debatido cómo mantener o ajustar el envío de petróleo a la isla ante la presión de Washington y el riesgo real de sanciones económicas, lo que evidencia el aislamiento creciente de la dictadura cubana en el escenario internacional.
La política de Trump combina ayuda humanitaria directa con presión económica firme, una fórmula que busca aliviar el sufrimiento de los ciudadanos sin entregar oxígeno financiero a una dictadura que se sostiene gracias al apoyo externo. Para muchos analistas, solo debilitando la estructura que mantiene al régimen en pie será posible abrir el camino hacia la libertad, la prosperidad y la dignidad que el pueblo cubano merece.


