Trece meses después del regreso del líder republicano a la Casa Blanca, este experto en contrainsurgencia y doctor en Economía por Princeton repasa la geopolítica mundial en una entrevista con EL PAÍS en Washington. Sopesando cada una de sus palabras y midiendo cada frase, se congratula de la relativa entente entre Estados Unidos y China, que considera la relación fundamental en el futuro del mundo; cree que Ucrania “está en mejor posición frente a Rusia gracias a lo que la UE y las fuerzas de la OTAN y Estados Unidos han hecho este año”, y sugiere aumentar la presión contra Moscú mediante sanciones para forzar al Kremlin a negociar.
Petraeus evalúa que Irán se encuentra en una situación mucho más débil, con protestas masivas contra el régimen, golpeada en su economía y en su desarrollo nuclear, con unos grupos radicales aliados en Oriente Próximo muy disminuidos, y ya sin Siria como aliada. En América, el año se cierra con la operación militar estadounidense que capturó a Nicolás Maduro, cuya comparecencia ante la justicia considera una mejora en el Hemisferio Occidental.
Pregunta. Después de la operación en Venezuela y dejar allí al cargo a un gobierno tutelado por Estados Unidos, el de Delcy Rodríguez, ahora Trump amenaza también con golpear a Irán. ¿No es meterse en camisa de 11 varas?
Respuesta. Estados Unidos tiene capacidad para mantener varias bolas en el aire. Y tenemos aliados y socios que —si los tratamos bien— nos ayudarán a mantener todas esas bolas en el aire. Y esas bolas representan amenazas y problemas que tenemos que resolver. Creo que ahora tenemos más bolas en el aire que desde hace mucho tiempo. Ciertamente, desde el final de la Guerra Fría, quizá desde el final de la II Guerra Mundial. Son también bolas más complejas.
P. De cara al futuro, ¿a cuál de estas bolas, de todas las que están en el aire, debe prestar más atención Trump?
R. Hay una bola enorme: la relación con China. Es más grande que todas las demás juntas, porque es la relación con más ramificaciones del mundo, y la que representa un mayor desafío. Si a algo hay que prestar atención es a encauzarla y evitar que descarrile.
P. Muchos pensaban que las amenazas a Maduro eran una estrategia de negociación…
R. A Maduro también se le ofreció negociar. Se le ofreció el exilio en Turquía, en el Mediterráneo. No lo quiso y ahora va a pasar en una penitenciaría posiblemente el resto de su vida. Pero recordemos, no es la primera vez que Estados Unidos actúa así en América Latina. Ya se hizo en Haití, donde el expresidente Jimmy Carter y el general (Hugh Shelton) persuadieron en el último momento al general Raoul Cédras de que entregara el poder, cuando la primera brigada de la 82 división aérea ya se preparaba a lanzarse en paracaídas sobre Puerto Príncipe en 1994. O la operación para capturar a Manuel Noriega en Panamá en 1989.
P. Como director de la CIA o mando militar, ¿usted habría recomendado esta intervención en Venezuela?
R. No lo sé, porque no sé qué otras opciones se barajaban. Y, sobre todo, porque no sé qué es lo que se quiere conseguir. Hemos oído al secretario de Estado, Marco Rubio, y al presidente hablar sobre una transición. ¿Se refieren a una transición al gobierno electo del movimiento de María Corina Machado, que ganó por mayoría de dos a uno en 2024? ¿O piensan en unas elecciones nuevas e instalar en el poder a ese ganador? Me gustaría cualquiera de las dos opciones, pero eso va a conllevar una negociación enorme con el régimen, que esencialmente sigue siendo el mismo, pero con la exvicepresidenta Delcy Rodríguez como líder en lugar de Maduro. Eso sí, está demostrando un pragmatismo considerable, dando pasos para que las empresas petroleras estadounidenses puedan volver a invertir. Lo interesante es que la población parece estar de acuerdo con la situación actual. La gente parece encantada de ver que Maduro se ha ido y que Estados Unidos asume un papel mucho más activo en cómo se gobierna Venezuela. Pero también hay mucha incertidumbre sobre cuál será el resultado definitivo.


