Esta situación ha obligado al Departamento de Energía de EE. UU. a emitir órdenes de emergencia para que las plantas generadoras operen a su máxima capacidad, intentando evitar apagones masivos en una infraestructura diseñada principalmente para el calor extremo y no para el frío de congelación.
Las compañías eléctricas, como Duke Energy y Florida Power & Light, reportaron que el consumo ha superado récords históricos de hace dieciséis años, alcanzando picos de generación no vistos desde 2010.
Ante la presión sobre el sistema, se ha solicitado a los usuarios reducir el consumo voluntariamente durante las madrugadas, mientras que algunas centrales han recibido permisos temporales para exceder límites de emisiones y así garantizar el suministro en ciudades como Tallahassee.
Este incremento en el uso de calefacción impactará severamente la economía de los hogares. Los residentes verán reflejados en sus próximas facturas no solo el alto volumen de consumo real, sino también recargos adicionales destinados a la recuperación de infraestructura tras la pasada temporada de huracanes.
La situación es especialmente preocupante en sectores de bajos recursos, donde el ajuste en los costos de combustible coincide con el recrudecimiento del invierno.


