El conjunto rojiblanco, que enfrentaba a un rival de inferior categoría, volvió a mostrar dificultades lejos del Metropolitano. Le costó imponer su juego y apenas encontró fluidez en ataque, aunque le bastó un destello de calidad para resolver la eliminatoria.
El encuentro arrancó con ritmo alto en el estadio municipal de Riazor. El Deportivo de La Coruña, impulsado por su afición, no se dejó intimidar y tuvo sus primeras aproximaciones, mientras que el Atlético respondió con un disparo al poste de Matteo Ruggeri.
Antes del descanso, el equipo madrileño estuvo cerca de abrir el marcador con una picada de Julián Álvarez y un potente remate de Griezmann, acciones que fueron neutralizadas entre el portero Parreño y el larguero.
En el segundo tiempo, el Dépor salió con mayor ambición y obligó a Musso a intervenir tras un remate de Zakaria que se desvió en Hancko. Simeone, disconforme con el rendimiento de los suyos, movió el banquillo con un triple cambio para intentar darle más control al juego.
El partido parecía encaminado a una noche histórica para el conjunto gallego, pero una falta al borde del área cambió el guion. Antoine Griezmann ejecutó el tiro libre con una precisión exquisita, colocando el balón en la escuadra en el minuto 61 e imposibilitando la reacción del guardameta local.
Con el 0-1 en contra, el Deportivo no bajó los brazos y estuvo muy cerca de forzar la prórroga con un cabezazo del italiano Samuele Mulattieri en el minuto 79, que pasó rozando el objetivo. El Atlético, con oficio y ajustes defensivos, logró resistir hasta el pitazo final.
El triunfo permite al Atlético de Madrid avanzar a los cuartos de final de la Copa del Rey, aunque el rendimiento colectivo volvió a generar interrogantes, especialmente por la falta de creatividad ofensiva y el bajo impacto de Julián Álvarez, que continúa sin reencontrarse con el gol.
El Deportivo, pese a la eliminación, dejó una imagen competitiva y confirmó el crecimiento de un proyecto que ilusiona a su afición.


