El esfuerzo del gobierno de Donald Trump en mostrar el potencial minero y petrolero de Venezuela para captar inversionistas y repotenciar la economía a cinco meses de la captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores, encuentra en los hermanos Rodríguez, y el gigantesco fantasma socialista que se sostiene a sus espaldas, en un freno de mano imposible de ignorar.
La reciente noticia de la llegada al país de gigantes financieros como JPMorgan Chase & Co. y Jefferies Financial Group , con viajes tipo tour a Caracas, es una muestra del interés de Washington de ofrecer señales positivas, pero no termina de cuajar como una señal de que nuestra nación vuelve a aparecer en el radar de los mercados internacionales tal y como lo dibuja el discurso del presidente estadounidense.
Los movimientos ocurren en un contexto particularmente sensible. Fondos de inversión, acreedores y empresas energéticas observan con atención los esfuerzos del gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez para atraer capital extranjero, reactivar la industria petrolera y avanzar hacia una eventual reestructuración de una deuda que ronda los 170.000 millones de dólares.
Sin embargo, para Guillermo Arcay Finlay, detrás de la atención internacional existe una realidad menos optimista. El investigador asegura que los inversionistas pierden progresivamente la confianza que mostraban en febrero, un mes después de la Operación Resolución, desplegada por el Delta Force sobre los cielos de la capital de la república y al menos otros cinco estados. “Las expectativas de los inversionistas en Venezuela se desploman”, asegura en la red social X, donde se generó un interesante debate.
Su principal argumento es el comportamiento reciente del Índice de la Bolsa de Valores de Caracas (IBVC), medido en dólares. Según sus cálculos, el indicador perdió 33% de su valor desde el máximo alcanzado en febrero. “La tutela no ha democratizado ni ha dado resultados económicos. El mercado se desespera”, sostiene.
A juicio de Arcay Finlay, la corrección bursátil tiene una lectura política antes que financiera. El economista explica que el mercado celebró inicialmente el nuevo escenario surgido tras la captura de Maduro, pero el paso de los meses redujo las expectativas sobre una transformación estructural del país.
La caída del IBVC desde febrero hasta hoy ya ha evaporado 51% del aumento post-captura de Maduro. El índice subió 7,32 dólares con la captura de Maduro y ya cayó 3,73 dólares desde el pico. La euforia se acabó”, advierte.
Caracas recibe visitantes, pero no inversiones
La llegada de ejecutivos de Jefferies y los preparativos de JPMorgan para organizar nuevas visitas reflejan que Venezuela es objeto de estudio para el capital internacional. Pero Arcay Finlay insiste en que existe una diferencia fundamental entre explorar oportunidades y comprometer recursos. “Una cosa es que vengan potenciales inversionistas a ver cómo va la cosa. Otra es que pongan la plata como si estaban dispuestos a ponerla hace tres meses”.

En cierto modo, Arcay Finley cuestiona la política de tres fases anunciada por Marcos Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, poco después de la caída de Maduro. La estabilización y recuperación económica nunca despegaron del todo y por ello no se logra despejar del camino los escollos para una verdadera trancisión política.
La distinción no es menor, desde su óptica. Históricamente, las grandes inversiones vinculadas con petróleo, infraestructura, servicios financieros o manufactura requieren horizontes de recuperación que suelen superar los cinco años. Para el experto, el principal obstáculo sigue siendo la ausencia de garantías institucionales duraderas.
No existen garantías legales con chavismo y sin la armada en el Caribe. Todo lo que se firma hoy se puede romper en dos años. Las inversiones que necesita Venezuela tienen un horizonte de al menos cinco años”.
Desde esa perspectiva, el interés de bancos internacionales y fondos de inversión no necesariamente equivale a confianza. Los inversionistas, insiste, buscan información, evalúan riesgos y estudian escenarios. Pero todavía no observan las condiciones que permitan apostar miles de millones de dólares en proyectos de largo plazo.
La democracia como variable económica
Arcay Finley sostiene que el mercado venezolano mostró durante años una correlación directa entre las expectativas de apertura política y la valoración de los activos. “Históricamente la probabilidad de democracia es el factor determinante del valor de la Bolsa de Caracas, así como de cualquier inmueble y empresa en Venezuela”, resalta.
Según su análisis, esa dinámica quedó reflejada en distintos episodios recientes. “Ambas variables caen post Guaidó, suben con María Corina Machado en las primarias, con la victoria de Edmundo y con la movilización naval en el Caribe”.
Para el economista, el mercado no está reaccionando únicamente a variables económicas tradicionales. Lo que realmente determina las valoraciones es la percepción de que pueda consolidarse una transición política capaz de garantizar derechos de propiedad, cumplimiento de contratos y estabilidad institucional.
Por eso rechaza la idea de que la actual administración haya logrado generar confianza suficiente. “Ningún papel vale nada si Delcy logra durar más que la armada en el Caribe”, insiste, a pesar del cerco de Trump.
El termómetro de la economía real
El tema es ampliamente debatido en redes sociales. Cuando algunos usuarios afirman que la Bolsa de Caracas representa una porción muy reducida del producto interno bruto venezolano, Arcay recurre a ejemplos de la economía cotidiana.
Pregúntale a los brókers de bienes raíces a cuánto estaban vendiendo terrenos industriales, posadas turísticas y apartamentos en Chacao en febrero, y a cuánto se venden en junio”. Su conclusión es tajante: “Se acabó la emoción”.
En sus palabras, la pérdida de entusiasmo se extiende mucho más allá del mercado bursátil y alcanza activos inmobiliarios, empresas privadas y oportunidades de negocio que meses atrás parecían revalorizarse aceleradamente. “Los inversionistas, especuladores o cualquier nombre que les quieras poner, tenían más fe en el tutelaje en febrero que en junio”.
Y enumera las razones. “No hay indicios de democracia, sigue la emisión monetaria, sigue la distorsión cambiaria y seguimos teniendo la inflación más alta del mundo”.
La visión de Oliveros
Aunque comparte la preocupación por las expectativas económicas, Asdrúbal Oliveros, experto en finanzas y exdirector de Ecoanalítica, introduce un matiz importante en el análisis.
Desde su perpectiva, la Bolsa de Caracas tiene limitaciones como indicador debido a su reducido tamaño y escasa profundidad.
En Venezuela, la brecha cambiaria dice mucho más sobre las expectativas económicas que el índice bursátil o el riesgo país”.
Oliveros explica que el riesgo soberano venezolano continúa distorsionado por años de incumplimiento de deuda, mientras que el mercado bursátil sigue siendo demasiado pequeño para representar al conjunto de la economía.
“La bolsa es demasiado pequeña para servir como referencia y el riesgo país está distorsionado por años de default”. Por ello considera que el diferencial entre el dólar oficial y el paralelo ofrece una lectura más precisa del estado de ánimo económico.
“En cambio, la brecha cambiaria concentra expectativas, confianza, liquidez y percepción de riesgo en tiempo real. Por eso sigue siendo uno de los indicadores más relevantes para entender hacia dónde cree la economía que va el país”. La observación no contradice completamente la tesis de Arcay. Más bien la complementa.

Misma conclusión
Ambos economistas parten de indicadores distintos, pero llegan a una conclusión similar: el mercado sigue evaluando a Venezuela desde el prisma de la incertidumbre política.
Las visitas de bancos internacionales, los encuentros con ejecutivos petroleros y los preparativos para una compleja reestructuración de deuda muestran que existe interés. Lo que todavía no aparece es la convicción de que el país haya construido las condiciones necesarias para transformar ese interés en inversión masiva y sostenida.
Porque para los mercados, observar no es lo mismo que creer. Y creer, en el caso venezolano, sigue dependiendo mucho más de la política que de los anuncios.
“Lamentablemente este proceso no tiene años para esperar. Las elecciones en Estados Unidos pueden eliminar la amenaza que disciplina a Delcy a finales de este año o en 2028. Sin amenaza no hay tutela, delcy vuelve a 2023, vuelven las sanciones y se pierden las inversiones”, concluye Arcay Finlay.


