El comunicado difundido este martes por el chavismo e Israel anunció que ambos países permitirán la continuidad de la cooperación técnica iniciada tras la visita de una delegación israelí enviada para atender la emergencia provocada por los terremotos del 24 de junio. Además, acordaron coordinar servicios consulares para sus ciudadanos residentes en el territorio del otro país.
El contraste con el discurso de Rodríguez de hace apenas dos años es difícil de pasar por alto. El 15 de mayo de 2024, durante un acto por el “Día de la Lucha Palestina” en Caracas, la entonces vicepresidenta afirmó que “el sionismo se ha apoderado de los principales centros de poder para imponerse sobre la voluntad del mundo entero” y recordó que Venezuela había roto relaciones con Israel en 2009 por decisión de Hugo Chávez.
En aquella misma intervención, Rodríguez sostuvo que Israel había nacido bajo un concepto de “exterminio y de extinción del pueblo palestino”, rechazó la fórmula de los dos Estados y presentó a Palestina como referencia de la lucha antiimperialista. “Palestina es ejemplo permanente de que debemos seguir por la senda de la dignidad, de la patria, de la autodeterminación y la soberanía”, dijo.
Ahora, la “Venezuela digna” de aquel discurso comparte mesa con el Estado de Israel. El comunicado oficial incluso reivindica el vínculo entre Israel y la comunidad judía residente en Venezuela como un “importante puente de amistad histórico” entre ambos países, una formulación que contrasta frontalmente con la retórica antiisraelí que durante años dominó al chavismo.
El giro no puede separarse de la transformación geopolítica que siguió al 3 de enero, cuando una operación militar estadounidense capturó a Maduro y Rodríguez asumió el poder. Desde entonces, el régimen ha estrechado su relación con Washington y ha aceptado cambios que afectan el modelo de alianzas construido durante el chavismo.
Y ahí aparece la parte menos cómoda para el discurso revolucionario: durante años, Rusia, Irán, China y Cuba fueron pilares de la política exterior chavista. Moscú suministró armamento, Beijing recibió petróleo venezolano como mecanismo de pago de deuda, Irán colaboró en la recuperación de refinerías y Cuba proporcionó apoyo de seguridad e inteligencia. Tras la operación estadounidense, Washington comenzó a presionar para reducir la influencia de esos aliados, mientras Rodríguez avanzaba en acuerdos con Estados Unidos y en la apertura del sector petrolero.
El cambio también encaja con el esquema de transición impulsado por la Administración Trump, que contempla una primera etapa de estabilización económica, una fase de recuperación y posteriormente elecciones. Las negociaciones entre el chavismo y sectores de la oposición comenzaron formalmente el 6 de agosto bajo acompañamiento estadounidense, en un proceso que busca redefinir instituciones y el rumbo político del país.
Así, mientras el chavismo de 2024 denunciaba al sionismo como una amenaza imperialista y defendía a Palestina como bandera antiestadounidense, la “moderada” Delcy acaba de acordar con Israel mantener cooperación y abrir un mecanismo consular. Si aquello era la “senda de la soberanía”, queda por explicar qué nombre tiene ahora el camino que lleva al aparato oficialista a recomponer relaciones con uno de los antiguos enemigos declarados del régimen.


