La primera vez que Cortina d’Ampezzo, una localidad turística de esquí del norte de Italia, fue elegida para albergar los Juegos Olímpicos de Invierno fue en 1944. Debido a la Segunda Guerra Mundial, los Juegos fueron cancelados.
Ahora, ocho décadas después, los Juegos de Invierno regresan a varias localidades de Italia, incluida Cortina, en uno de los periodos de mayor agitación geopolítica desde la última guerra mundial.
Esta vez no hay riesgo de que se cancelen los Juegos Olímpicos. Sin embargo, los Juegos parecen discordantes con los tiempos que corren: la emocionante promesa del cumplimiento deportivo de las normas y la competencia pacífica entre naciones se contrapone al desgaste de las normas diplomáticas y las alianzas que han durado décadas.
Los Juegos de Milán-Cortina “se celebran en el momento político más conflictivo de la historia reciente de los Juegos Olímpicos”, dijo Jules Boykoff, experto en política deportiva de la Universidad del Pacífico en Oregón.
Cuando los atletas de más de 90 delegaciones desfilen en la ceremonia de apertura el viernes en el norte de Italia, representarán una contradicción con el caos global que se vive fuera de las paredes del estadio.
En las últimas semanas, el presidente Donald Trump ha ordenado una intervención militar contra Venezuela sin la aprobación del Congreso; ha amenazado con usar la fuerza para tomar Groenlandia, un territorio semiautónomo de un aliado de la OTAN, y ha advertido que infligirá daños económicos a los socios europeos de larga data que acudan en ayuda de Groenlandia.
Aunque los retiró, esos ultimátums amplificaron una sensación más generalizada de deterioro de la cooperación multilateral y se produjeron en medio de los temores por el futuro de las Naciones Unidas tras los drásticos recortes en las contribuciones nacionales, incluidas las de Estados Unidos.
Ha habido guerras durante otros Juegos Olímpicos. Lo que es diferente ahora son las numerosas amenazas a las barreras de protección de la diplomacia mundial.

Cuando Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, asista el viernes a los actos de inauguración, su presencia servirá como un claro recordatorio de esas turbulentas alianzas diplomáticas. Como una de las líderes de derecha de Europa, en su día se la consideró alguien que podría actuar como mediadora entre Trump y Europa.
Sin embargo, desde que él volvió al cargo, ella ha tenido poca influencia visible sobre el líder estadounidense. Y en enero, criticó abiertamente a Trump después de que este afirmara que los soldados europeos habían desempeñado un papel menor en Afganistán y le recordó que “la amistad requiere respeto”.
Los Juegos Olímpicos tienen como objetivo dar a todos los países, independientemente de su tamaño, las mismas oportunidades. Los atletas de países medianos, como Italia, compiten junto a los de grandes potencias mundiales, como Estados Unidos. En el mundo real, Meloni solo tiene un efecto “moderador del 5 por ciento” sobre Trump, dijo Giovanni Orsina, director del departamento de ciencias políticas de la Universidad Luiss Guido Carli de Roma.
“El orden mundial siempre ha funcionado según la política de poder”, dijo Orsina. “Lo que es realmente preocupante” ahora, añadió, es que hay líderes de potencias mundiales que “ni siquiera intentan seguir las reglas”.
Para algunos, estos Juegos Olímpicos siguen ofreciendo a los líderes la oportunidad de reconstruir sus debilitadas relaciones diplomáticas. El vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio tienen previsto aparecer junto a Meloni en la ceremonia de inauguración que se celebrará el viernes en Milán.
Leo Goretti, editor de The International Spectator, una revista italiana de asuntos internacionales, dijo que la primera ministra italiana podría aprovechar los Juegos Olímpicos “para crear un sentimiento de amistad y proximidad con Estados Unidos, que puede haber parecido difuminado en las últimas semanas”.

Para otros, ese optimismo parece fuera de lugar. La idea de que los Juegos Olímpicos puedan “unir al mundo o proporcionar apenas un respiro o un descanso muy necesario parece simplemente poco realista”, dijo Richard Haass, exdiplomático estadounidense y presidente jubilado del Consejo de Relaciones Exteriores, un grupo de investigación con sede en Nueva York. “Si se condicionara la celebración de los Juegos Olímpicos a que se instaurara la paz y la armonía, nunca se celebrarían”.
El Comité Olímpico Internacional ha intentado presentar los Juegos como un escenario políticamente neutral, pero “el deporte es política por otros medios”, dijo Boykoff, de la Universidad del Pacífico. Pensar lo contrario, dijo, “es obviamente una tontería”.
La política ya ha elevado la temperatura en Italia antes de los Juegos. La semana pasada se supo que agentes federales del ICE, de una unidad de investigación del Departamento de Seguridad Nacional, se unirían al equipo de seguridad del Departamento de Estado en los Juegos Olímpicos de Milán.
La noticia desató la indignación entre los italianos, enfadados por la conducta de los agentes de Inmigración y Control de Aduanas y otros agentes federales en Mineápolis. Meloni evitó personalmente comentar el asunto, pero ante la planificación de manifestaciones en Milán durante los Juegos, su gobierno se apresuró a aclarar que los agentes estadounidenses no tendrán autoridad para hacer cumplir el orden público en el país.

A lo largo de la historia de los Juegos Olímpicos modernos, los acontecimientos mundiales se han entrometido inevitablemente en ellos. Se cancelaron cinco Juegos Olímpicos durante las dos guerras mundiales. Durante los Juegos de Verano de Múnich en 1972, militantes palestinos secuestraron y mataron a atletas israelíes. Después de que la Unión Soviética invadiera Afganistán, Estados Unidos boicoteó los Juegos de Verano de 1980 en Moscú y, cuatro años más tarde, la Unión Soviética respondió negándose a enviar atletas a los Juegos de Los Ángeles.
Diez meses antes de que Seúl fuera anfitriona de los Juegos Olímpicos de Verano de 1988, agentes norcoreanos detonaron una bomba en un avión de pasajeros surcoreano con el fin de asustar a los atletas y visitantes internacionales para que no asistieran a los Juegos. La pandemia de coronavirus obligó a posponer por un año los Juegos Olímpicos de Verano de Tokio 2020.
Tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022, el Comité Olímpico Ruso intentó reclamar para sí a los atletas del territorio ucraniano ocupado y se le prohibió enviar una delegación a los Juegos Olímpicos. En estos Juegos de Invierno, los atletas de Rusia y Bielorrusia no competirán bajo sus banderas nacionales, sino como atletas “neutrales”. Aun así, el COI ha rechazado las peticiones de prohibir la participación de las delegaciones de Israel y Estados Unidos, en medio de la indignación mundial por la conducta de Israel en Gaza y las acciones de Trump en Venezuela, alegando que tales asuntos “no entran dentro de nuestras competencias”.
Desde la década de 1990, el COI ha pedido a los países que suspendan los conflictos militares durante los Juegos, una petición queha repetido este año. Para algunos atletas olímpicos, esa misión pacífica, siempre ambiciosa, resulta ahora especialmente discordante.

Con tantas guerras en todo el mundo, la gente se ha vuelto insensible a los conflictos, dijo Silvia Salis, alcaldesa de Génova y quien compitió en los Juegos Olímpicos de Verano de Pekín y Londres en lanzamiento de martillo. En este contexto, se preguntó: “¿Tienen sentido estos Juegos Olímpicos?”. Y añadió: “Tenemos que exigir más a las grandes potencias en la escena internacional”.
Otro factor geopolítico que ensombrece los Juegos Olímpicos de Invierno es el cambio climático. Con el aumento de las temperaturas y el deshielo de los casquetes polares, el calentamiento global será “completamente catastrófico” para los deportes de invierno, dijo David Goldblatt, autor de The Games: A Global History of the Olympics. Goldblatt señaló una investigación que indica que, sin la fabricación artificial de nieve, solo cuatro ciudades podrían albergar los Juegos de Invierno en 2050.
Dado que algunos líderes nacionales niegan la existencia del cambio climático o están revirtiendo las políticas para frenar el calentamiento global, Goldblatt dijo que los Juegos Olímpicos de Invierno son “algo parecido a una especie de funeral”.



