En entrevista con Semana el economista venezolano se refirió a la apertura petrolera, la flexibilización de las sanciones y el regreso de la inversión privada en Venezuela tras la captura de Maduro. El director de Datanálisis analiza los cambios y los obstáculos que aún enfrenta la recuperación
Venezuela atraviesa un cambio profundo en sus reglas económicas y en la manera de hacer negocios. La apertura a la inversión privada en el sector petrolero, la flexibilización de las sanciones estadounidenses, una mayor disponibilidad de divisas y el creciente interés de empresas extranjeras marcan una nueva etapa para un país que perdió 75 por ciento de su PIB entre 2013 y 2020.
Para Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, la transformación no comenzó con los últimos acontecimientos políticos, sino varios años atrás y se ha acelerado con la nueva relación con Estados Unidos. El economista advierte, sin embargo, que las expectativas sobre una recuperación inmediata pueden ser exageradas: los cambios ya están produciendo efectos, pero los problemas estructurales y la pérdida de capacidad productiva requieren tiempo para ser superados.
En entrevista con SEMANA, León explica qué está cambiando en Venezuela, cuáles son las oportunidades para las empresas colombianas, qué implica la nueva Ley de Hidrocarburos, las posibilidades de exportar gas venezolano a Colombia y por qué el país todavía no puede hablar de una dolarización formal.
La reactivación ¿para cuándo?
SEMANA: Venezuela perdió el 75 por ciento del PIB entre 2013 y 2020. ¿Qué tan pronto puede darse una reactivación y de qué depende?
L.L.: Fue una de las mayores pérdidas de producción registradas en un país en siete años sin guerra ni desastre natural. Pero la recuperación no empezó en 2026, sino en 2021. Ese año llegó la primera licencia a Chevron, limitada a operar los campos existentes y sin permiso para crecer, acompañada de apertura cambiaria, liberación de precios y una relación menos hostil del Estado con el sector privado. Insisto, no fue un cambio de gobierno, sino en el Gobierno.
Después del 3 de enero, esa tendencia se consolida, ahora con un actor que no es un mirón de palo. Estados Unidos vino y se quedó, y presiona activamente la apertura petrolera, minera y económica. Comparto el optimismo de mediano y largo plazo, pero las expectativas de corto plazo se sobredimensionaron. Hay problemas estructurales que no se resuelven con dinero en meses.
La reactivación ya está ocurriendo: en el primer semestre de 2026 se colocaron en la banca más divisas que en todo 2025. Pero la gente no lo siente en el bolsillo con la misma rapidez, porque la brecha entre lo que tiene y lo que necesita sigue siendo enorme. Entender esos tiempos es clave para no frustrarse en el camino.
Llegada de empresas
SEMANA: ¿Cómo ha transcurrido hasta ahora la llegada de empresas?
L.L.: El interés es muy alto. Venezuela fue un mercado cerrado durante muchos años y hoy es una oportunidad de negocios e inversión significativa. El petróleo es importante en sí mismo, pero lo central no es el pozo, que estará en manos de las grandes empresas internacionales, sino lo que hay alrededor. Primero vienen los servicios, la perforación, la tecnología y la conectividad. Después, la gente que llega: hoteles, vivienda, escuelas, hospitales y capacitación. Por último, el consumo, y ahí se encadena todo hacia el resto del país. Ese multiplicador hoy es menor que en el pasado porque se perdieron cadenas productivas, y eso abre espacio para quien llegue a producir, exportar o prestar servicios.
Colombia es la mejor posicionada por cercanía, historia y conocimiento del mercado. En cifras formales, Colombia exportó a Venezuela 683,9 millones de dólares entre enero y julio, 13,9 por ciento más que en 2025, y los gremios proyectan un comercio bilateral de unos 1.600 millones de dólares este año. Pero esa es solo la parte registrada: una porción muy importante del intercambio no pasa por las estadísticas. Lo más novedoso es que muchos colombianos ya no vienen solo a vender, sino a invertir y asociarse. Es una visión más estable en el tiempo.
Vicepresidente José Manuel Restrepo dijo que en la agenda con EE. UU. se ha hablado de la posibilidad de importar gas desde Venezuela
EE.UU. y las sanciones
SEMANA: ¿En qué va el levantamiento de sanciones por parte de Estados Unidos?
L.L.: No hay un levantamiento de sanciones. Hay una flexibilización mediante licencias dentro del marco sancionatorio, y creo que ese mecanismo va a durar mucho tiempo. Las licencias avanzan casi a diario, son dirigidas y permiten trabajar, exportar e invertir, incluso hacia Estados Unidos. Muchas están condicionadas o privilegian las actividades vinculadas con Estados Unidos, pero mientras exista ese sistema, todo el mundo se beneficia de las licencias, y eso da un marco para operar.
El acuerdo petrolero
SEMANA: Hay mucha expectativa frente al acuerdo petrolero con Estados Unidos. ¿Cómo es?
L.L.: Veo dos avenidas. La primera es la legal y política: la constitucionalidad, las condiciones y la legitimidad de quien firma. No me parece un tema secundario, porque son recursos de los venezolanos. El problema es que el acuerdo no es público; conocemos sus rasgos generales, pero no sus detalles, ni siquiera cómo se calculan los impuestos.
La segunda es su ejecución y su impacto económico, y ahí la lectura cambia. El acuerdo funciona como un mecanismo de protección de la inversión en medio de la incertidumbre. Estados Unidos reconoció la legalidad del gobierno de Delcy Rodríguez, no su legitimidad, para que los contratos firmados sean válidos hoy y mañana. Además, presionó para que el FMI, el BID, Europa y América Latina lo reconocieran. Los contratos incluyen arbitraje internacional en Nueva York, París, Londres o Singapur. Con Estados Unidos como accionista, el acuerdo es un ancla que da seguridad incluso a proyectos que no forman parte de él. Nadie le va a desconocer a Estados Unidos un contrato firmado con un Gobierno que él reconoce como legal.
EE.UU. toma decisión crucial con Venezuela
El control es real. Los recursos que corresponden al Estado venezolano van a una cuenta del Tesoro de Estados Unidos; el Gobierno tiene que negociar permanentemente su uso y recibe bolívares, no dólares.
Gas para Colombia
SEMANA: ¿Qué tan rápido se podrían solucionar los obstáculos regulatorios y de infraestructura para que Colombia tenga gas de Venezuela?
L.L.: La expansión energética es un objetivo de Venezuela y de Estados Unidos. Uno de los proyectos licenciados más importantes es el campo Dragón, para llevar gas a Trinidad. Venezuela ha usado su gas para consumo interno, no lo ha desarrollado para exportación, y su ventaja natural para colocarlo en Colombia es evidente. El gasoducto existe, requiere inversiones relativamente accesibles para adecuarlo y sería un gas más barato que el que Colombia usa hoy. Pero los obstáculos no son solo técnicos. Ha habido proyectos y acercamientos, incluso en momentos peores que el actual, y siempre aparecieron bloqueadores de ambos lados, también en Colombia, donde algunos ven ese gas como un competidor en condiciones ventajosas. Para el comprador es una ventaja; para la competencia, no.
Ley de Hidrocarburos
SEMANA: ¿Cuáles han sido los pros y los contras de la Ley de Hidrocarburos?
L.L.: Es una modificación importantísima. La participación privada en el petróleo era un tabú en Venezuela, y aunque ya existía de hecho con los contratos de la Ley Antibloqueo, ahora tiene rango de ley y blindaje institucional. Eso es una buena noticia. Tiene problemas, como la discrecionalidad en la carga fiscal, las regalías y los impuestos. Pero la diferencia entre campos maduros y nuevos, y entre proyectos según su ubicación y su necesidad de inversión, obliga a revisarlos uno por uno. No es una ley perfecta, pero es infinitamente mejor que lo que había.
¿Hay regulación que facilita?
SEMANA: ¿Qué cambios se han introducido en la regulación para facilitar negocios?
L.V.L.: La situación es muy distinta a la del pasado. Hoy hay un mercado de venta de divisas en la banca pública y privada que es cada vez más fluido. Entre enero y agosto se colocaron en la banca muchas más divisas que en todo 2025, a un tipo de cambio de intervención cercano al oficial. Sacar un dividendo ya no es un drama. Todavía hay complicaciones en las transferencias entre cuentas venezolanas y extranjeras: se puede, pero no con total libertad. No es, en mi opinión, el principal bloqueador para operar en Venezuela.
Dolarización
SEMANA: ¿Considera que ya se puede hablar de una dolarización de la economía?
L.L.: No se puede hablar de dolarización. La dolarización formal exigiría un acuerdo entre la Reserva Federal y el Banco Central de Venezuela. Lo que hay es un uso de hecho del dólar, que hoy es menor que antes. Llegamos a tener 70 por ciento de las transacciones en dólares; hoy las transacciones en efectivo en dólares están muy por debajo del 20 por ciento. La razón principal es la brecha cambiaria: pagar en dólares significaba perder 30 o 35 por ciento durante buena parte del año, y aunque hoy ronda 11 por ciento, el incentivo sigue siendo pagar en bolívares. Lo que sí hay es una dolarización referencial: los precios se fijan en dólares para proteger su valor.
Hay presiones para dolarizar como una camisa de fuerza contra la devaluación. Pero en un país petrolero, sin política monetaria, si el ingreso cae de 1.000 a 500, ¿qué haces? ¿Despides a la mitad de los trabajadores de un día para otro? Sin un fondo de estabilización, y hoy no hay recursos para construirlo, dolarizar sería tirarse sin red.
Capacidad de compra del ciudadano
SEMANA: ¿Cree que las empresas tendrán que entrar con productos baratos?, ¿Cómo está la capacidad de compra de la población”.
L.V.L.: Hay segmentos con características radicalmente distintas por ingreso, costumbres y edad. En Datanálisis identificamos cinco: el Premium es el 10,4 por ciento de los hogares, con ingresos familiares de entre 3.337 y 6.349 dólares al mes. El Optimizador Conveniente es el 8,5 por ciento, con 2.672 dólares. El Estratega Flexible es el 33,1 por ciento, con 861 dólares. El Planificador Cauteloso es el 17,2 por ciento, con 556 dólares. El Administrador de Subsistencia es el 30,8 por ciento, con 375 dólares. Los dos primeros suman 5,6 millones de personas con alta capacidad de compra, más que toda la población de Costa Rica, Panamá o Uruguay. Además, no compran solo con su ingreso, sino con su patrimonio. Estimamos una riqueza de entre 300.000 y 400.000 millones de dólares, buena parte ahorrada fuera del país durante los años en que ahorrar en Venezuela no tenía sentido.


