Pasó por alto las insistentes demandas de Donald Trump de que se le concediera el Premio Nobel de la Paz. Pero tal vez, al favorecer una de las prioridades de la política exterior del presidente estadounidense, el comité noruego que otorga el premio ha demostrado sutileza política. Honró de manera significativa a “una mujer que mantiene viva la llama de la democracia en medio de una oscuridad creciente”. Eligió a María Corina Machado, según dijo, por “su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”.
Obligada a vivir en la clandestinidad durante los últimos 14 meses, para muchos Machado es una Juana de Arco latinoamericana. Su candidatura a las elecciones presidenciales de Venezuela del año pasado unificó a una oposición normalmente fragmentada e inspiró la esperanza de un cambio. Su hazaña, en octubre de 2023, de obtener 2,3 millones de votos, el 92% del total, en unas primarias abiertas de la oposición, sacudió el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, presidente del país desde 2013. El régimen prohibió su candidatura con argumentos espurios. A pesar del acoso constante, incluida la prohibición de tomar vuelos internos, hizo campaña en nombre de un sustituto, Edmundo González.


