A pesar de que las luces de la ciudad brillan con fuerza, el último reporte de la Oficina de Estadísticas Laborales revela una realidad económica compleja para los residentes de Miami.
Al cierre del tercer trimestre de 2025, la ciudad presenta una tasa de desempleo saludable del 3.6%, pero el crecimiento del empleo se ha vuelto desigual: mientras el sector salud florece, los empleos de oficina en servicios profesionales han comenzado a desaparecer.
El dato más alarmante para el ciudadano común es el costo de vida. Aunque la inflación general se sitúa en un 2.5%, el precio de los alimentos ha subido un 4.8%, impactando directamente en la capacidad de ahorro de las familias.
A esto se suma el desafío de la vivienda, donde los residentes destinan un promedio anual de $26.661, una cifra significativamente superior al promedio nacional.
Los analistas advierten que el “boom” económico que caracterizó a Miami en años anteriores está dando paso a una fase de estabilización más rígida. Con salarios semanales promedio de $1.450 —por debajo de la media nacional—, el gran reto para el próximo año será evitar que el alto costo de los servicios esenciales provoque una fuga de talento y mano de obra en sectores clave de la economía local.


