Miguel Henrique Otero: El Nacional llega a sus 83 años convertido en un símbolo de resistencia

Samuel J. Gómez

El Nacional cumple este 3 de agosto 83 años y no llega a esta fecha con la solemnidad de los aniversarios ni con la alegría plena de una casa que celebra su permanencia. El aniversario coincide con un momento especialmente complejo para el país. Venezuela permanece de luto tras el doble terremoto que dejó víctimas y afectados cuyas cifras reales no se conocen. Además, coincide con el inicio de una mesa técnica paritaria de diálogo político cuya agenda no incluye dos asuntos esenciales para la democracia: la libertad de expresión y la libertad de los presos políticos.

Es un aniversario con la web bloqueada dentro de Venezuela, sin la sede que le fue arrebatada mediante una decisión judicial arbitraria, trabajando desde el exilio digital y enfrentando una persecución que ha marcado buena parte de los últimos años. Sin embargo, El Nacional cumple un año más la misma convicción con la que nació en 1943: la de informar.

En ese contexto, el aniversario de El Nacional trasciende la conmemoración de un medio de comunicación y vuelve a poner sobre la mesa el papel que ha desempeñado el periodismo independiente en la historia contemporánea de Venezuela.

“83 años no son solo una cifra en la historia de un periódico. Son generaciones de venezolanos que aprendieron a leer el país en sus páginas, familias que encontraron allí una voz distinta a la del poder, periodistas que hicieron de la palabra un oficio de riesgo; lectores que buscaron, en medio de la incertidumbre, una versión de los hechos que no estuviera sometida”, asegura Miguel Henrique Otero, presidente editor de El Nacional.

Miguel Henrique Otero sostuvo que debe cesar la censura en medio de la crisis
“83 años no son solo una cifra en la historia de un periódico. Son generaciones de venezolanos que aprendieron a leer el país en las páginas de El Nacional”, dijo Otero | Foto archivo

Una historia que comenzó en 1943

El 3 de agosto de 1943 apareció en los kioscos de Caracas la primera edición de El Nacional. Fueron diez mil ejemplares impresos en dos cuadernillos de ocho páginas, con siete columnas, grandes titulares y fotografías de un tamaño poco habitual para la época. El periódico se elaboraba en un local ubicado entre las esquinas de Marcos Parra y Pedrera, en el centro de la capital.

Desde aquella primera edición hubo un rasgo distintivo. En lugar del tradicional editorial en la portada, el diario publicó una mancheta: un texto breve y contundente que marcó una personalidad editorial que lo acompañaría durante décadas.

Detrás de la fundación estuvieron Henrique Otero Vizcarrondo y Miguel Otero Silva, junto con Antonio Arráiz en la dirección.

Como resume Miguel Henrique Otero, presidente editor del diario: “Detrás estaban Henrique Otero Vizcarrondo y Miguel Otero Silva, con Antonio Arráiz en la dirección: un empresario, un novelista y un poeta. Esa mezcla explica buena parte de lo que vino después”.

Detrás de la fundación estuvieron Henrique Otero Vizcarrondo y Miguel Otero Silva (foto), junto con Antonio Arráiz en la dirección | Foto archivo

Mucho más que un periódico

Con el paso de las décadas, El Nacional dejó de ser únicamente un diario de circulación nacional para convertirse en uno de los principales referentes periodísticos, intelectuales y culturales del país.

Su suplemento literario reunió durante décadas a algunas de las voces más importantes de la literatura venezolana y sirvió como plataforma para generaciones de escritores.

Para Miguel Henrique Otero, ese legado trasciende el ejercicio cotidiano del periodismo.

“El Nacional no es solamente un periódico. Es uno de los lugares donde Venezuela se ha escrito a sí misma. Donde los encuentros ciudadanos y los debates son parte esencial de la línea editorial. En la búsqueda de la conciliación, en la sede, se reunían los diferentes partidos políticos, intelectuales, expertos y diferentes sectores sociales para aportar ideas para una mejor Venezuela. Su suplemento literario convirtió al diario en centro de la conversación intelectual durante décadas, y generaciones de escritores publicaron allí antes de llegar a las editoriales y a los programas de estudio”.

La consolidación del medio llevó al escritor Arturo Uslar Pietri a repetir una frase que terminó convirtiéndose en una definición de su influencia:

El Nacional ya no era un periódico, sino una institución”.

A esa etapa también pertenecen la inauguración de la sede de Los Cortijos, la adquisición de la rotativa propia, la creación de nuevos suplementos, los reconocimientos periodísticos y una escuela de fotografía reconocida dentro y fuera del país. El Nacional se convirtió en una escuela de periodismo por la que han pasado grandes firmas.

El Nacional
A partir de 1999, el periódico enfrentó una escalada de hostigamientos que incluyó ataques contra sus instalaciones y trabajadores | Foto Federico Parra / AFP

“El mayor patrimonio de El Nacional nunca fueron sus edificios ni sus rotativas, sino las generaciones de periodistas que aprendieron a ejercer el oficio entre sus páginas. El Nacional está orgulloso de saber que ha sido una gran escuela del periodismo en Venezuela. En su redacción se han formado generaciones de reporteros, escritores, fotógrafos, periodistas, columnistas y editores que aprendieron a ejercer el oficio con rigor, independencia y responsabilidad. Sus páginas también reunieron a prestigiosas firmas venezolanas y extranjeras, convirtiendo al periódico en un espacio para el encuentro, el conocimiento, la cultura y el debate democrático. Muchos comenzaron allí su carrera y otros, ya consagrados, escogieron a El Nacional para dialogar con Venezuela“, afirma Otero.

Una historia marcada por la censura

La relación entre El Nacional y el poder ha estado atravesada por distintos episodios de censura desde sus primeros años de existencia. “Esa institución aprendió temprano el precio de ejercer el periodismo. El diario nació durante una breve experiencia democrática y, pocos años después, ya escribía bajo una dictadura militar”, recuerda Miguel Henrique Otero.

La persecución incluyó censura previa, directores encarcelados, exilios y páginas que aparecían con espacios en blanco cuando las autoridades prohibían publicar determinada información.

El presidente editor del diario resume ese período con una reflexión que, a su juicio, mantiene plena vigencia, porque a las dictaduras les incomoda el ejercicio del periodismo. “Recordarlo hoy importa: la persecución posterior no fue una novedad, sino una reincidencia”.

Décadas después, esa historia volvió a repetirse. A partir de 1999, el periódico enfrentó una escalada de hostigamientos que incluyó ataques contra sus instalaciones y trabajadores, restricciones económicas, dificultades para acceder al papel periódico, el bloqueo de su página web dentro de Venezuela y, posteriormente, la confiscación de su sede histórica mediante una decisión judicial arbitraria a causa de una noticia veraz.

Para Miguel Henrique Otero, esa continuidad entre el pasado y el presente también explica su posición frente a la actualidad del país. Con motivo del 83º aniversario del medio y del inicio de una nueva mesa técnica de diálogo político, sostiene que no puede hablarse de una verdadera reconstrucción democrática mientras la libertad de expresión y los presos políticos permanezcan fuera de la agenda. El presidente editor de El Nacional insiste en la necesidad de que quienes permanecen encarcelados por motivos políticos recuperen su libertad y de que el ejercicio del periodismo pueda desarrollarse nuevamente con plenas garantías.

Imagen archivo de El Nacional
A partir de 1999, el periódico enfrentó una escalada de hostigamientos que incluyó ataques contra sus instalaciones y trabajadores | Imagen archivo de El Nacional

Del papel a la resistencia digital

Hay fechas que no se celebran: se honran. Este aniversario del periódico pertenece a esa categoría.

“Se honra a los trabajadores que perdieron su empleo como consecuencia de la presión contra el medio. Se honra a los periodistas que siguieron informando aun cuando informar se volvió peligroso. Se honra a los lectores que, pese al bloqueo, siguen buscando la página, compartiendo enlaces, usando caminos alternos para llegar a la noticia”, dice Otero.

La historia del periódico también está marcada por su capacidad de adaptación. En agosto de 1995, El Nacional abrió su página en internet y se convirtió en el primer diario venezolano en hacerlo.

Miguel Henrique Otero recuerda que “lo que entonces parecía una curiosidad tecnológica terminó salvándole la vida al periódico porque hay una conexión muy fuerte entre los venezolanos y la marca de El Nacional. Es parte de la venezolanidad”.

Un aniversario entre el duelo y la incertidumbre

Este aniversario llega en circunstancias especialmente difíciles para el país. Ocurre en una Venezuela herida. El país todavía entierra a muchos de sus muertos tras el doble terremoto que volvió a romper casas, calles, familias y certezas. Hay escombros donde antes había hogares. Hay nombres que todavía se buscan. Hay madres, hijos, vecinos y sobrevivientes que cargan el peso de una tragedia que no terminó cuando dejó de temblar la tierra.

En medio de ese duelo nacional, también se abre una mesa técnica paritaria de diálogo político. El solo hecho de que exista un espacio de conversación podría parecer una señal de esperanza. Pero la esperanza queda incompleta cuando en la agenda no aparecen con claridad la libertad de los presos políticos ni la libertad de expresión.

“No puede haber reconstrucción democrática verdadera si se excluye a quienes están presos por pensar distinto, ni si se deja fuera el derecho de los ciudadanos a estar informados. La libertad de expresión no es un tema accesorio. No es un punto secundario que pueda esperar a una etapa posterior. Es el oxígeno de cualquier proceso democrático. Sin prensa libre, el diálogo se vuelve opaco. Sin medios independientes, la sociedad escucha apenas una parte de la realidad. Sin derecho a informar y a recibir información, la ciudadanía queda condenada a caminar entre sombras”.

“Por eso el aniversario de El Nacional no puede leerse como una efeméride aislada. Es también una pregunta dirigida al país y a quienes hoy hablan de acuerdos, transición, convivencia o reconciliación: ¿puede haber diálogo político si la prensa sigue bloqueada? ¿Puede hablarse de normalidad democrática cuando un periódico histórico permanece confiscado, perseguido y censurado? ¿Puede reconstruirse Venezuela dejando fuera de la agenda a los presos políticos y a la libertad de expresión?”, resalta Otero.

Una historia sostenida por sus lectores

Si El Nacional alcanza hoy sus 83 años de existencia, lo hace también gracias a una relación construida durante generaciones con sus lectores. Y se honra algo que no aparece en ningún balance: la fidelidad. Como resume Miguel Henrique Otero, el periódico lo fundó un abuelo, lo sostuvo un hijo y lo dirige un nieto.

“Del otro lado ocurrió lo mismo. Hubo un abuelo que compraba El Nacional en el kiosco de la esquina, un hijo y un nieto que aprendieron a leer en sus páginas. Ya tenemos tantos años que ahora son los bisnietos los que buscan desde el teléfono la web, en otro país, sorteando un bloqueo. Varias generaciones haciendo, leyendo y acompañando a El Nacional. Nos hemos convertido en parte de muchas familias. Esa correspondencia es el verdadero patrimonio de esta casa, y es la única que ninguna sentencia pudo transferir. Cuando se dice que El Nacional es una marca, se dice poco. Es un hábito familiar venezolano, transmitido de abuelo a hijo y de hijo a nieto, que sobrevivió al papel, al edificio y al dominio”.

“También se honra a una idea: que Venezuela merece saber. Merece saber quién gobierna, quién decide, quién oculta, quién responde, quién abusa, quién calla y quién resiste. Merece saber lo que ocurre en los tribunales, en las cárceles, en los hospitales, en las zonas devastadas por el terremoto, en las mesas de negociación y en los lugares donde se decide el futuro sin que todos estén sentados. La información y la transparencia son fundamentales para el ciudadano. Solo el periodista valiente, cumpliendo con su misión de informar, logra eso”, agrega.

La CIDH enfatiza que la censura digital no solo afecta a los medios de comunicación, sino que limita el derecho de la ciudadanía a informarse
Otero explicó que “no habrá una celebración completa mientras Venezuela siga sin plena libertad de expresión y mientras la libertad de los presos políticos esté fuera de la agenda | Archivo

83 años de su fundación, El Nacional continúa publicando desde el entorno digital y mantiene viva una trayectoria que ha atravesado dictaduras, períodos democráticos, censura y profundas transformaciones tecnológicas.

“Ahora estamos preguntándonos si estamos a punto de poder vivir la transición hacia la democracia y elecciones libres. Si avanzamos hacia un país que requiere con inmediatez instituciones, como el CNE y el TSJ, verdaderamente independientes”.

En medio del duelo nacional y de la incertidumbre política, el periódico llega a un nuevo aniversario convertido, para varias generaciones de venezolanos, en uno de los principales símbolos de resistencia del periodismo independiente. La historia de El Nacional demuestra que, incluso cuando un medio pierde su sede, enfrenta el bloqueo o es objeto de persecución, puede seguir existiendo mientras conserve aquello que ha sostenido al diario desde 1943: la confianza de sus lectores y el compromiso de sus periodistas con el derecho de los venezolanos a estar informados.

“Es un aniversario de resistencia. Porque cumplir 83 años en estas condiciones no es sobrevivir por costumbre: es persistir contra la voluntad del poder. Es decir que la historia de un periódico no termina cuando le confiscan la sede. Es recordar que una página bloqueada puede seguir siendo buscada gracias a la lealtad del lector y la credibilidad de nuestra marca. Es demostrar que un medio perseguido puede continuar siendo una referencia moral para quienes no aceptan que el silencio sea la única salida”.

Otero afirma que “no habrá una celebración completa mientras Venezuela siga sin plena libertad de expresión, mientras haya presos políticos fuera de la agenda y mientras el derecho a estar informado dependa de esquivar bloqueos. Pero habrá memoria. Habrá palabra. Habrá dignidad”.

Mientras exista un lector dispuesto a buscar la verdad y un periodista dispuesto a contarla, El Nacional, asegura su presidente editor, seguirá siendo más que un periódico: será una manera de resistir.

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