Despeinado, fuera de sí, entre sollozos y con su barba gruesa (para parecer mayor) desbaratada por los acontecimientos. Apenas han transcurrido 30 horas desde que los Delta Force han capturado a su padre, a su gran mentor.Nicolás Maduro Guerra (35 años), conocido como Nicolasito por obra y gracia de su padre, realiza una conexión en directo en sus redes sociales. Tiembla la revolución. La historia dirá quienes fueron los traidores, la Historia lo develará. Lo veremos”, dispara el único hijo del tirano chavista en un intento de extender el manto de las sospechas sobre los principales beneficiados de la operación: los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez.
Menos de 20 horas después, Nicolasito vuelve a emocionarse. Pero esta vez lo hace frente a la Asamblea Nacional chavista, que le ha elegido para comenzar la sesión en la que refrendará a los hermanos Rodríguez al frente del país. “La patria está en buenas manos, papá. Y pronto nos abrazaremos en Venezuela”, afirma vehemente.
Pasó el susto. En un ejercicio de supervivencia política, Nicolasito ha elegido la misma vía que los otros grandes señalados por Washington de pertenecer a la mafia narco de la revolución: Diosdado Cabello, jefe de los radicales cuya recompensa en EEUU se eleva hasta los 25 millones de dólares, y el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, cabecilla del generalato que atornilló a Maduro a sangre y fuego y cuya cabeza está valorada en 15 millones, han entendido que el único lugar para sobrevivir es debajo del paraguas de los hermanos Rodríguez.
si ellos son monroe…
Nicolasito también, lo necesita. La Fiscalía neoyorquina ha incluido al hijo de Maduro en el escrito de acusación contra su padre con acusaciones muy gruesas. El Príncipe, como le llamaban sus compinches, viajó en 2020 a Medellín para reunirse con las disidencias de las FARC y cuadrar una operación masiva para trasladar cocaína a EEUU.
El escenario no está ni mucho menos para rebeliones internas y la oferta es consistente: llenar el vacío de su padre y encabezar la campaña para que Maduro vuelva a casa, como ya pasara antes con los narcosobrinos y con su testaferro Alex Saab.
En apenas cinco días, Nicolasito figura junto a Delcy y Jorge en los grandes momentos, incluso entre los generales y el canciller cubano en el homenaje a los “héroes caídos” el 3 de enero. A la postre, Nicolasito ha sido fiel a las enseñanzas políticas de su padre, quien le situó junto a él desde el primer día de su mandato en 2013, pese a que parecía un becario fuera de sitio. “Mi papá, el presidente, y mi segunda madre han sido secuestrados. Un abuelo amoroso. Su verdadero delito es ser revolucionarios venezolanos, que no se vendieron ni se venderán. De ellos aprendí la serenidad. Esperanza de que la verdad triunfará. Ellos volverán, nuestros ojos lo verán. Están desafiando una estirpe histórica. ¡Si ellos son Monroe, nosotros somos Simón Bolívar”, concluyó el diputado Maduro Guerra, que en sus comienzos parlamentarios dejó para la Historia aquello de que defendería a la revolución hasta combatiendo en la Casa Blanca. El error geográfico (la situó en Nueva York) fue objeto de meme durante años.
A Nicolás Ernesto Maduro le pusieron su segundo nombre de pila en homenaje al Che Guevara, pero eso de guerrear en Sierra Maestra o en los Andes bolivianos no le va nada. Nicolasito ha dejado tras de sí múltiples pruebas de que donde se siente más a gusto es disfrutando de la dolce vita caraqueña, esa que se levantó dentro de la burbuja de los millonarios boliburgueses.
Cuenta con sus propios testaferros y exhibe sus lujos, como un oligarca revolucionario más, tan parecido a los rusos, viniendo desde abajo y usando sus influencias sin control alguno. “El disfrute sensual del poder”, como acuñó el politólogo Luis Salamanca, de quien algunos muy optimistas consideraban el heredero elegido para la dinastía de los Maduro. Nadie con sentido común abogaría hoy por esa tesis.
Maduro jr. no ha dudado en luchar por su buen nombre hasta en los tribunales españoles, en los que denunció sin éxito a la activista de derechos humanos Tamara Suju. El despacho del abogado de cabecera de los Maduro, Baltasar Garzón, no consiguió superar la barrera del sentido común del juez español que vio el caso. Garzón, cuyo despacho también defiende a Maduro en la Corte Penal Internacional de La Haya, encabezó esta semana un manifiesto de 100 juristas para criticar la operación militar de EEUU.
De esta forma, este “soldado de Chávez hasta más allá de la vida” ha pasado a convertirse en un emblema para el chavismo, el recuerdo perenne del que sigue siendo presidente en Venezuela, aunque sea tan fraudulento como su padre. En los últimos años, el hijo del “conductor de victorias” se encargó de las relaciones con los pastores evangélicos, que han nutrido las marchas chavistas famélicas de gentes. El hijo convenció al padre para que se convirtiera a la fe cristiana, pese a que el reo de Nueva York se había proclamado seguidor del polémico gurú indio Sai Baba y practicaba la santería siempre que podía.


