En las ruinosas callejuelas del barrio La Boca, municipio Mariel, a poco más de 45 kilómetros al oeste de La Habana, se siente el salitre marino que llega desde la ensenada, mientras un par de perros sin dueños intentan calentarse bajo el tibio sol invernal en una antigua parada de ómnibus.
La Boca es un villorrio aburrido y feo donde los minutos parecen horas. La vida transcurre en cámara lenta. En el suburbio está enclavada la termoeléctrica del Mariel y una fábrica de cemento que cuando funciona esparce un manto de polvo gris por toda la zona.
A lo lejos se divisan cuatro enormes grúas pintadas de verde olivo y un barco portacontenedores que está siendo descargado en el puerto del Mariel, una zona especial administrada por la corporación militar GAESA, el verdadero poder a la sombra que controla el 80 por ciento de las divisas que entran al país.
El bloqueo real
Llamémosle Julián, estibador jubilado. Después de comer boniato hervido y un poco de arroz se sienta en el balcón de su apartamento con los anteojos a observar el tráfico portuario. Es su hobby favorito para matar el tedio y los apagones de veinte horas diarias.
“Es raro el día que haya dos barcos en el muelle. En la última semana solo entró uno. Por lo general ese tipo de buque trae mercancías desde Estados Unidos que luego le revenden al sector privado. Según el gobierno existe bloqueo yanqui, pero solo afecta al pueblo”, dice el anciano.
Giovanni, su nieto, trabajó en el puerto del Mariel y cuenta que ha visto “descargar autos de alta gama, mármoles italianos y otros lujos que van a parar a los ‘mayimbes‘ [jerarcas] o para la construcción de hoteles. Apenas hay alimentos, pero se importa comida para perros. La mayoría de los gerentes de la zona especial son altos oficiales militares que viven como marajás. Ganan millones de dólares y a los empleados les pagan sueldos miserables”.
La lista de quejas es larga. Anaili, técnico medio en la especialidad de energértica, comenta que “después de dos años en la termoeléctrica del Mariel me fui a trabajar a un negocio privado. Gano tres veces más, pero ni así el dinero me alcanza. Fuera de La Habana la vida es más dura. Los apagones son más extensos y hay más hambre y necesidades. Casi nadie apoya a este gobierno. Después de la captura de Maduro la situación va a empeorar todavía más. Protestar en la calle no los va tumbar y te meten en la cárcel. El único camino que tenemos es emigrar”.
Cubanos cansados
“Los cubanos estamos cansados y frustrados. Ya la gente no sabe qué hacer. Por eso muchas personas en voz baja piden que los americanos intervengan en el país y se lleven a estos delincuentes. Como los mambises pidieron ayuda a Estados Unidos en el siglo XIX, el pueblo debiera firmar una carta solicitando una intervención humanitaria. De manera pacífica es imposible que esta gente (la dictadura) se vaya. 2026 viene que asusta. Con la caída de Maduro, Venezuela se quitó de encima a Cuba que le tumbaba el petróleo y otros recursos. El gobierno sabe que no tiene salida. Por eso se han inventando establecer el Estado de Guerra para tener más controlada a la población. Trump y Marco Rubio deben negociar con ellos, a ver si nos libramos de estas sanguijuelas”, opina Roiniel, estudiante universitario.
DLA le preguntó a 22 personas cuál es la mejor opción para salir de la crisis sistémica generada por la dictadura castrista. Todos coinciden que el actual modelo no funciona. 16 encuestados consideran que la economía de mercado, el auge de la empresa privada y un nuevo gobierno que ofrezca garantías jurídicas a los nuevos negocios podrían ser los primeros pasos de una futura reforma. A continuación, varias respuestas.
Yaidel está convencido de que “para refundar el país, es imprescindible el apoyo de los emigrados. Por sus conocimientos y su capital son necesarios en el impulso a la economía. Sería más complicado emprender los cambios con una sociedad envejecida y con tantos cubanos adoctrinados, acostumbrados a recibir ayudas del Estado, no a crear riquezas, sin cultura laboral ni la preparación adecuada”.
Cero comunistas
Selma piensa que lo primero a erradicar es el partido comunista. “Debieran prohibirlo, como después de la Segunda Guerra Mundial se sancionó a la ideología nazi. Un gobierno de políticos modernos y tecnócratas con sólidos conocimientos donde todos tengamos las mismas oportunidades”.
A Joise, le da igual que el futuro de Cuba sea “socialdemócrata o liberal. Pero que haya libertad y democracia”.
Daniela afirma que “si no regresan los cubanos de éxito residentes en el exterior, el país se hunde. En la isla queda el fondo del saco. Y de un día para otro no podemos inventar que somos capitalistas o demócratas de probeta”.
Dos de los encuestados tienen dudas si con el actual capital humano se puede reconstruir la nación. “La solución de Cuba es la anexión a Estados Unidos, probablemente a Trump no le interese, porque no somos Canadá ni Groenlandia”, expresa uno de ellos.
A otros, como Gilberto, no le importa la ideología que tenga ese gobierno. “Mientras se pueda hacer dinero y abrir negocios, da lo mismo que sea comunismo que capitalismo. El problema del gobierno es que no deja vivir a la ciudadanía”.
Un cambio
Norberto asevera que “la mentalidad de gran parte de la población no está preparada para un cambio político y económico. Prima la simulación, la envidia y la chivatería. Un porcentaje alto de cubanos siguen comportándose como carneros. A pesar de la pobreza en que viven, van a las marchas organizadas por el gobierno y participan en el circo de la preparación militar, sabiendo que el Estado los usa como escudos humanos y pretende desviar la atención a los graves problemas económicos y sociales de existentes en Cuba”.
Cuando usted conversa con cubanos de a pie, se percata de que la captura de Maduro y el nuevo rumbo de Venezuela, aunque arreciara la crisis económica, más que un problema, lo ven como una oportunidad para comenzar las urgentes reformas que el país pide a gritos.
La guerra fría
De momento, la dictadura piensa diferente. Han desempolvado su vieja retórica de guerra fría y comenzado a cavar trincheras.
Jorge Piñón, experto en petróleo e investigador del Instituto de Energía de Texas, ha declarado a la prensa que las reservas de combustible de Cuba alcanzan para seis u ocho semanas. Cuando llegue ese escenario veremos qué pasa. Si algo saben los cubanos es esperar.


