Sin embargo, tras la ola de reacciones, el propio Obama matizó el alcance de su comentario: señaló que durante su presidencia no vio evidencia de que seres extraterrestres hayan contactado con humanos ni de un encubrimiento gubernamental, y descartó las versiones que los sitúan “escondidos” en el Área 51, la base militar en Nevada asociada durante décadas a conspiraciones sobre ovnis.
El episodio también reactivó una confusión frecuente en este tema: posibilidad no equivale a prueba. En la misma línea de declaraciones anteriores, Obama ha mencionado que existen registros de objetos o fenómenos en el cielo que no se explican con claridad y que es razonable investigarlos, sin que eso signifique confirmar origen extraterrestre.
Mientras tanto, el Área 51 vuelve al centro del imaginario popular más por su carga simbólica que por hechos verificables: cada frase de una figura pública de alto perfil funciona como combustible para rumores que se expanden con rapidez, especialmente cuando circulan fuera de contexto.


