En una entrevista con The Atlantic difundida hoy, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emitió una dura advertencia política dirigida a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, en medio de una crisis sin precedentes tras la intervención militar estadounidense que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro.
Trump calificó de forma tajante la situación en Venezuela y afirmó que no permitirá que la dirección política del país siga un rumbo contrario al que Washington considera adecuado para la región y para la estabilidad hemisférica.
Dice le podría ir peor que a Maduro
El mandatario aseguró que la actuación de Rodríguez en las próximas horas será decisiva y advirtió que, si no “hace lo correcto”, podría enfrentar “consecuencias mayores” incluso que las del propio Maduro tras su arresto y traslado a Estados Unidos para enfrentar procesos judiciales.
El presidente estadounidense defendió la intervención como un paso necesario dentro de su estrategia para enfrentar lo que describió como una amenaza sistémica de narcotráfico y desorden institucional.
Según Trump, las acciones emprendidas forman parte de un esfuerzo mayor para garantizar seguridad, estabilidad y un proceso de transición política que, bajo su perspectiva, el país venezolano no había podido lograr por sí mismo durante décadas.
Presencia estadounidense en Venezuela
Trump sostuvo que Estados Unidos planea “dirigir” a Venezuela de forma temporal mientras se da una transición “segura, correcta y judiciosa”, según sus palabras, y no descartó la posibilidad de un incremento de la presencia estadounidense en el país si fuera necesario.
En su relato, el objetivo final es reconstruir la economía venezolana, especialmente su industria petrolera, que el gobierno estadounidense considera vital tanto para el desarrollo de Venezuela como para los intereses estratégicos de energía. Trump afirmó que compañías estadounidenses podrían desempeñar un papel clave en la revitalización de ese sector.
El presidente también lanzó una advertencia implícita a otros gobiernos de la región, sugiriendo que la intervención en el hemisferio occidental busca defender intereses de seguridad y estabilidad frente a influencias extranjeras que, desde su perspectiva, han socavado el orden democrático y la prosperidad en la región.
Por su parte, Rodríguez ha rechazado enfáticamente la legitimidad de la intervención y negado que su gobierno de facto esté bajo control estadounidense.
Desde Caracas, ha insistido en que Maduro es el único presidente reconocido constitucionalmente y ha pedido pruebas de vida, además de denunciar lo ocurrido como una violación de la soberanía nacional. La tensión entre Washington y Caracas se mantiene en un punto crítico, con repercusiones diplomáticas que se extienden más allá de las fronteras venezolanas.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención las declaraciones de Trump, marcadas por la determinación de mantener la presión política y económica sobre el nuevo liderazgo civil venezolano y de reforzar una posición de control indirecto sobre el rumbo del país sudamericano durante el periodo de transición.


