Las autoridades rusas informaron sobre una incursión nocturna con vehículos aéreos no tripulados que habría tenido como objetivo un enclave asociado a la jefatura del Estado en el noroeste del país. El señalamiento fue formulado por el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, quien calificó el episodio como un acto de alto impacto simbólico.
De acuerdo con reportes oficiales difundidos por TASS, el evento se produjo entre el 28 y el 29 de diciembre y habría involucrado decenas de drones de largo alcance. Moscú sostiene que los sistemas de defensa neutralizaron la totalidad de los aparatos antes de que causaran daños materiales o afectaciones humanas.
El pronunciamiento subrayó que el incidente coincidió con una etapa delicada de contactos diplomáticos entre Rusia y Estados Unidos, lo que añade una capa de complejidad al panorama. Pese al tono severo, el canciller aseguró que el canal de diálogo no se cerrará, aunque anticipó una revisión de la postura negociadora.
Desde el Kremlin se dejó entrever que habrá una respuesta, sin precisar tiempos ni alcances. El episodio, aunque sin consecuencias visibles, reaviva el debate sobre la seguridad interna y la evolución del conflicto, marcado cada vez más por el uso intensivo de tecnología aérea no tripulada.


