Venezuela mantiene una deuda con China estimada en al menos 10.000 millones de dólares. Washington busca limitar la influencia de Pekín y Moscú sobre los activos energéticos venezolanos. La reducción de envíos de crudo a China podría dificultar aún más el cumplimiento de las obligaciones financieras
El nuevo control que Estados Unidos busca ejercer sobre la industria petrolera venezolana podría complicar los mecanismos utilizados por Caracas para atender sus compromisos financieros con China, según un reporte de Bloomberg.
La situación se produce en medio de la estrategia de Washington para reducir la influencia de Pekín y Moscú en el sector energético venezolano y limitar la participación de potencias consideradas rivales en activos estratégicos de América Latina.
De acuerdo con Bloomberg, la administración del presidente Donald Trump avanza en una reestructuración de la deuda venezolana, que incluye miles de millones de dólares pendientes con bancos chinos.
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, afirmó que China no tendría derechos sobre los ingresos generados por la nueva producción petrolera venezolana. Esta medida podría afectar uno de los mecanismos mediante los cuales Caracas ha cumplido históricamente con sus obligaciones ante Pekín.
La deuda venezolana con China se estimaba en al menos 10.000 millones de dólares en 2025, aunque representa una reducción considerable frente a los montos acumulados durante años anteriores.
Los préstamos chinos comenzaron a llegar con fuerza a Venezuela en 2007, durante el gobierno de Hugo Chávez. Para 2015, los bancos estatales chinos habían concedido más de 60.000 millones de dólares en financiamiento respaldado por petróleo.
China se convirtió posteriormente en uno de los principales compradores del crudo venezolano y en el mayor acreedor extranjero del país, mientras empresas estatales chinas participaron en proyectos petroleros y gasíferos, especialmente en la Faja Petrolífera del Orinoco.
Sin embargo, la crisis económica venezolana, el deterioro de la infraestructura y la caída de la producción petrolera redujeron progresivamente la capacidad del país para mantener los compromisos establecidos con sus socios financieros.
En 2025, el petróleo venezolano representó alrededor de 4 % de las importaciones totales de crudo de China. Además, los envíos hacia territorio chino se habrían reducido considerablemente en el nuevo escenario petrolero impulsado por Washington.
La interrupción de estos cargamentos podría complicar todavía más el pago de las obligaciones vinculadas a préstamos respaldados por petróleo. Analistas citados por Bloomberg consideran que el nuevo esquema estadounidense podría hacer menos probable que Venezuela cancele esa deuda en el corto plazo.
En paralelo, Estados Unidos negoció una participación de 35 % en North American Blue Energy Partners, empresa controlada por el empresario venezolano Alejandro Betancourt. El acuerdo estaría relacionado con el desarrollo de 17 yacimientos petroleros venezolanos.
Todavía existen interrogantes sobre cuáles serían exactamente los campos incluidos en el convenio y sobre el impacto que tendría el nuevo esquema en proyectos desarrollados previamente por compañías chinas.
Desde Pekín, el Gobierno chino ha reclamado que sus derechos e intereses legítimos en Venezuela sean protegidos y ha defendido la continuidad de la cooperación bilateral.
Para algunos analistas, el impacto económico sobre las compañías chinas podría ser limitado debido a la reducción de su exposición a Venezuela durante los últimos años. Sin embargo, el episodio refleja una creciente disputa por la influencia energética y económica en el país sudamericano.
El petróleo venezolano vuelve así a convertirse en un punto estratégico de la competencia entre Estados Unidos y China, mientras Caracas enfrenta el desafío de reorganizar sus compromisos financieros y su industria energética bajo las nuevas condiciones.
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