¿Cuánto cuesta volver a clases en la Venezuela de la inflación y el terremoto?

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Este año, volver al colegio implica, otra vez, hacer cuentas. Las familias compran por partes, buscan descuentos y priorizan gastos mientras todavía resuelven las consecuencias del terremoto y lidian con la inflación que golpea el bolsillo a un ritmo acelerado

La inflación en Venezuela vuelve a golpear el bolsillo familiar con el inicio de clases. Con una tasa interanual de 575%, el poder de compra se ha reducido considerablemente y un producto escolar puede costar hasta 6.7 veces más su precio en relación con el año anterior.

El regreso a clases 2026-2027 está previsto para el próximo 14 de septiembre. Para intentar aliviar el gasto, Delcy Rodríguez anunció la instalación de 120 ferias escolares en todo el país, donde las familias podrán adquirir útiles y uniformes a «costos accesibles». Pero preparar a un niño para volver al colegio sigue siendo una cuenta bien difícil de cuadrar.

Solo en uniformes, comprar un pantalón, un mono, una chemise y una franela puede costar alrededor de $41. Si se suman unos zapatos deportivos, el gasto sube a unos $70. Y con un par de mocasines para el uniforme diario, fácilmente llega a $100.

Para Nancy Rodríguez, la estrategia ha sido comprar poco a poco y recorrer distintos comercios en busca de mejores precios. A su nieta le compró una camisa, una franela y un suéter para el liceo por $20. 12 cuadernos y un juego de creyones le costaron unos 18.000 bolívares.

«Hasta ahora hemos gastado casi $50. Me falta gastar como 30 por los zapatos», cuenta.

Todavía le falta el morral, con cartuchera y lonchera, que puede representar otros $20 a $40. Y después vienen los libros.

Nancy está ayudando a su hijo con los gastos porque, dice, «hay que ayudarnos unos con otros, ¿qué vamos a hacer? Porque de eso se trata, la situación no está como para comprarlo uno solo, pues».

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El economista Manuel Sutherland, profesor y coordinador de estudios de posgrado del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela, explica que el aumento de los precios de los útiles no se limita a la inflación en bolívares. También se ha producido un incremento de los precios expresados en divisas.

«Los útiles escolares subieron sus precios en divisas, euros, dólares y esto es un fenómeno muy sencillo que es la distorsión cambiaria que hace que los precios en divisas se incremente», señala.

Sutherland explica que un producto que el año pasado podía costar $20 puede llegar hoy a $25 o $30. Entre las razones menciona la brecha cambiaria y las dificultades de los comerciantes para acceder a las divisas necesarias para reponer el inventario. Ante esos riesgos, los empresarios tienden a elevar sus precios en dólares para protegerse de las variaciones del tipo de cambio.

Esto ayuda a explicar por qué pagar en dólares ya no garantiza que una familia esté protegida frente al aumento del costo de volver a clases.

El gasto aproximado en uniformes ronda los 100 dólares si se compra sólo una única pieza por item escolar: camisa, franela, pantalón y mono.

Nancy también ha intentado comprar en comercios que cobran los productos en dólares a la tasa del Banco Central de Venezuela. Cashea y sus comercios aliados ofrecen otra alternativa, con descuentos de entre 30% y 50% para el regreso a clases, pero ella reconoce que, aunque puede ser un «resuelve», las cuotas también significan una presión adicional para el presupuesto familiar.

En las ferias escolares, mientras tanto, los vendedores tampoco están viendo el movimiento de otros años.

Carmen Escobar, comerciante, en uno de los puestos instalados en la Plaza El Venezolano, en el centro de Caracas, describe las ventas como «un poquito flojas». Parte de la explicación, dice, está en el terremoto del 24 de junio: «Hay gente que todavía no ha podido comprar sus cosas porque están en otras cosas, pues».

La emergencia sísmica no solo dejó viviendas y comercios afectados. También golpeó la infraestructura educativa. En La Guaira, 11 escuelas colapsaron, otras seis quedaron en alto riesgo y 49 tienen acceso restringido, según información oficial. Miles de estudiantes tendrán que comenzar el año escolar sin volver a sus planteles habituales.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) había advertido pocos días después de los terremotos que la emergencia afectaba especialmente a niños, niñas y adolescentes, con viviendas y escuelas destruidas y servicios esenciales interrumpidos. La organización estimó que 680.000 niños necesitaban asistencia humanitaria.

Y ese golpe también se refleja en el bolsillo. Familias que todavía están reparando sus casas, recuperando bienes o intentando recuperar sus ingresos tienen ahora que sacar dinero para uniformes, útiles y libros.

Carmen cuenta que en su puesto intentan adaptarse a esa realidad. Prepararon combos para que las familias no tengan que comprar materiales que ya tienen en casa, como tijeras o sacapuntas. «Con estos combitos que hicimos estamos resolviendo a la gente», dice.

Con combos de útiles escolares adaptados para cada nivel académico, los comerciantes intentan atraer a los compradores que lidian con la inflación y una economía familiar golpeada por el terremoto.

Y en La Guaira, la cuenta puede ser todavía más pesada.

Diana Vilera pidió en una librería un presupuesto para los textos escolares de su hijo, además de toda la lista solicitada. Pagando en efectivo y con un descuento de 10%, el monto llegó a $183. Sin el descuento, habría superado los $200. Eso es solo por los libros. Todavía faltan el uniforme y el bolso.

«Es básicamente pagar una mensualidad entera del colegio», dice Diana.

El monto adquiere otra dimensión al compararlo con los ingresos de las familias. El economista Sutherland señala que una lista escolar completa puede costar entre $150 y $200, un monto que puede representar entre 60% y 80% del ingreso mínimo. 

«Eso es una barbaridad y nos hace ver lo tremendamente pobre que es la población en la actualidad», afirma.

Así, mientras el Gobierno anuncia ferias y descuentos para hacer más accesible el volver a clases, las familias hacen cuentas, compran por partes, recorren comercios y deciden qué puede esperar. Porque en una Venezuela donde el dinero rinde cada vez menos, volver al colegio no es una sola compra sino otra cuenta que se suma a una economía familiar que todavía intenta recuperarse del terremoto.

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