Alejandro Betancourt dilapidó el equivalente a un módulo de aterrizaje en la Luna

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El “bolichico”, primo de Leopoldo López y uno de los principales responsables de la crisis eléctrica, robó al Estado venezolano solo en sobreprecios $2900 millones. Hoy es ficha clave de Trump para captar inversionistas. Walter Molina, politólogo, advierte: “Para las empresas grandes y serias esto es pescado podrido”

Alejandro Betancourt convirtió la emergencia eléctrica venezolana en una plataforma para construir una fortuna. Su empresa Derwick Associates, creada junto con Pedro Trebbau, obtuvo al menos 11 contratos para construir plantas termoeléctricas durante la emergencia decretada por Hugo Chávez.

El monto de esas contrataciones rondó los 5.000 millones de dólares y, según Transparencia Venezuela, los sobreprecios alcanzaron unos US$2.900 millones. Varias de las plantas nunca funcionaron como se había prometido.

La dimensión del dinero permite una comparación que parece imposible.

US$2.900 millones equivalen prácticamente al valor del contrato que la NASA otorgó a SpaceX para desarrollar el sistema de aterrizaje humano destinado a llevar astronautas a la Luna durante Artemis.

La NASA seleccionó a SpaceX en 2021 con un contrato de US$2.890 millones, ese dinero debía servir para producir electricidad en Venezuela.

El otro contrato debía llevar seres humanos a la superficie lunar. La diferencia está en el resultado. SpaceX recibió el encargo de desarrollar tecnología para una misión espacial de enorme complejidad.

En Venezuela, una parte de las instalaciones contratadas para enfrentar la emergencia energética terminó sin entregar la solución prometida.

El costo no fue únicamente financiero.

Fue eléctrico, productivo y social.

Un negocio nacido de la emergencia

Betancourt tenía menos de 30 años cuando entró al negocio eléctrico venezolano. Derwick apareció en plena crisis energética y rápidamente consiguió contratos millonarios con el Estado.

La investigación de OCCRP documentó que la compañía, sin experiencia previa conocida en el sector, consiguió contratos por unos 5.000 millones de dólares para proyectos eléctricos.

Ese ascenso dio origen al término “bolichico”, utilizado para identificar a jóvenes empresarios que hicieron grandes fortunas a través de negocios con el Estado durante el chavismo.

La cifra calculada por Transparencia Venezuela concentra el impacto.

2.900 millones de dólares en presuntos sobreprecios.

Aníbal Rojas, analista político, sostiene que ese monto representa prácticamente lo mismo que costó el sistema de alunizaje contratado por la NASA a SpaceX.

“Solo en sobreprecios se robó el equivalente a un módulo de aterrizaje en la Luna para la misión Artemis”, plantea Rojas.

El contraste es brutal. Venezuela necesitaba centrales eléctricas.

Los venezolanos necesitaban dejar de vivir entre apagones.

Las empresas necesitaban energía para producir.

El Estado terminó desembolsando una cifra comparable con la que Estados Unidos destinó a una de las operaciones tecnológicas más ambiciosas de su historia espacial.

De las plantas eléctricas al petróleo

El caso Betancourt no terminó con la crisis eléctrica.

Su nombre volvió a aparecer con fuerza en 2026, esta vez en el centro de las negociaciones sobre el futuro económico de Venezuela.

Una investigación publicada por El País señala que Betancourt regresó recientemente a Venezuela y estaría asesorando a la presidenta Delcy Rodríguez en la reactivación del sector petrolero. El mismo reporte señala que enfrenta investigaciones en España y Suiza.

Su papel también lo acercó a operadores vinculados con Washington.

Reuters informó que Mauricio Claver-Carone, entonces asesor informal e influyente de la administración Trump para la política venezolana, mantuvo vínculos con empresarios venezolanos controvertidos, entre ellos Betancourt, en el contexto de las conversaciones sobre petróleo, deuda y la reconstrucción económica del país.

El dato cambia la dimensión política del personaje.

El empresario que hizo su fortuna durante el chavismo vuelve a aparecer en el tablero de la Venezuela que Washington pretende reconstruir.

Y lo hace alrededor del petróleo.

Precisamente uno de los sectores donde se concentra la mayor expectativa de inversión extranjera.

“Esto es pescado podrido”

Para Walter Molina, politólogo venezolano radicado en Argentina, la presencia creciente de Betancourt desmonta el intento de presentar al nuevo poder venezolano como una estructura tecnocrática alejada del chavismo.

Más allá de todo lo que gira alrededor de Alejandro Betancourt, es extraordinario cómo el hecho mismo de su creciente influencia derrumba toda la propaganda ridícula que intenta vender al rodrigato como tecnócrata y diferente de lo que es y siempre será el chavismo”, afirma.

Molina considera que el problema no se limita a Betancourt.

Lo único que tienen para ofrecer es corrupción, opacidad, ineptitud, intermediarios que cobran dinero por operaciones ilegales y falsos empresarios con causas abiertas en más de un país”, añade.

Su advertencia apunta directamente al capital internacional.

Algunos actores pueden observar Venezuela como una oportunidad para hacer negocios rápidos en una economía destruida. Para las grandes compañías que necesitan seguridad jurídica, reputación y reglas claras, el escenario puede ser completamente distinto.

“Para buena parte de las empresas grandes y serias esto es pescado podrido”, sentencia Molina.

El apagón que no se olvida

El argumento de Molina tiene un punto de fondo.

La crisis eléctrica no fue una abstracción.

Los apagones paralizaron (y aún paralizan) industrias, comercios, hospitales y hogares. La falta de generación confiable se convirtió en uno de los símbolos más visibles del deterioro venezolano.

Molina recuerda precisamente ese costo.

“A ver cuánto dura esta luna de miel de uno de los causantes de que los venezolanos tengan que pasar seis, ocho y doce horas al día sin electricidad y de que las empresas petroleras no puedan aprovechar el potencial natural de Venezuela”.

Y remata con una frase que resume el dilema de cualquier proyecto de recuperación económica.

“Sin electricidad no hay paraíso”.

El precio de la Luna

La comparación de Rojas deja una cifra difícil de ignorar.

US$2.900 millones.

Eso es lo que Transparencia Venezuela calcula como sobreprecios asociados a las contrataciones eléctricas de Derwick.

US$2.890 millones.

Eso fue el valor inicial del contrato de la NASA con SpaceX para desarrollar el sistema de alunizaje humano de Artemis.

Unos millones destinados a intentar devolver astronautas a la Luna.

Otros millones que, según las denuncias recogidas por Transparencia Venezuela, salieron del Estado venezolano en sobreprecios asociados a plantas que debían resolver una emergencia eléctrica.

La historia tiene además una última paradoja.

Años después de aquella crisis, Betancourt vuelve a aparecer cerca del poder y de los negocios petroleros venezolanos, ahora en un escenario donde Estados Unidos busca atraer grandes inversionistas hacia el país.

La pregunta que queda sobre la mesa no es solamente cuánto dinero necesita Venezuela para reconstruirse.

También es quiénes estarán sentados alrededor de la mesa cuando llegue ese dinero.

Porque un país que necesita reconstruir su electricidad, su petróleo y sus instituciones no solo requiere capital.

Necesita confianza.

Y para Walter Molina, poner nuevamente a figuras vinculadas con el viejo modelo en el centro de los negocios puede ser precisamente lo que ahuyente a quienes tienen capital, reputación y alternativas para invertir.

Venezuela necesita volver a encender sus luces. El desafío es evitar que la reconstrucción vuelva a convertirse en negocio para los mismos de siempre.

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