“A esta canción hay que ponerle show”, dice David Gutiérrez, integrante de la Coral Nacional Simón Bolívar, también bailarín. Es quien guía la coreografía para “Rosas Pandan”, una obra del folklore filipino que se ha vuelto un clásico en el repertorio coral.
Las mujeres llevan abanicos. Hay momentos en los que ven hacia el caballero que tienen a la izquierda. Luego cierran el abanico, para poco después volver a abrirlo e inclinarse ligeramente hacia quien tiene al lado.
El movimiento al ritmo forma parte del vaivén para una canción del repertorio de 24 obras que la agrupación interpretará para celebrar su vigésimo aniversario.
Cerca de David está Lourdes Sánchez, la maestra. Atenta a los pasos de los muchachos. Lleva consigo una carpeta cuya cara principal ilustra el programa de mano de una función de Aida de Giuseppe Verdi en el Teatro alla Scala de Milán; en esa temporada lírica 1962-1963 bajo la dirección de escena de Franco Zeffirelli, el cineasta italiano responsable de la miniserie Jesús de Nazaret, que tanto transmitió la televisión abierta venezolana en los noventa durante la Semana Santa.
La carpeta está a reventar de tantos papeles, partituras en su mayoría, y es una muestra más de un oficio en el que parece no haber techo para todo lo que hay que interpretar en cada escenario.
Es un hecho quizá menor para el inadvertido, pero todo lo contrario para quien entiende que la pasión se manifiesta en esos pequeños detalles.

Fue el sábado 6 de mayo de 2006, en la sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño, donde debutó el Coro Sinfónico Nacional Juvenil de Venezuela, como entonces se llamaba la agrupación. “Es que ha cambiado tanto de nombre”, dice Lourdes Sánchez para explicar el lapsus al recordar cómo se identificaba entonces la coral. Por aquellos días ella era integrante de un proyecto que dirigía Maibel Troia.
En ese concierto se sumaron más de 200 voces de diversas regiones, la continuidad de un método integral afianzado por José Antonio Abreu de sumar en el sendero a todos los rincones de Venezuela.
Lourdes Sánchez abre bien los ojos cuando recuerda esa presentación. La voz no se detiene. Es la velocidad que otorga quien evoca con la seguridad de lo experimentado.
Menciona también a Roberto Marín como uno de los directores que participó en ese debut. Es un nombre de los históricos de esa generación que acompañó a José Antonio Abreu en 1975.
Recuerda, además, que en ese concierto en el Teatro Teresa Carreño se interpretó un tema que no ha vuelto a ser cantado por la agrupación: “Romance del Tirano Aguirre”, de Vicente Emilio Sojo, figura fundamental de la Escuela de Composición de Santa Capilla. Y ahora se retoma no solo como para recordar esos inicios, sino también como gesto de respeto hacia esos nombres clave de la autoría coral venezolana.

Un plan de años
Pasaron 31 años para que El Sistema conformara lo que ahora se conoce como la Coral Nacional Simón Bolívar. Parece mucho tiempo. Pero como todo reloj que da la hora justa, los engranajes deben ser precisos.
“La intención fue crear un coro que pudiera abordar esos grandes montajes sinfónicos corales. Tener una plataforma para el desarrollo de los jóvenes cantantes de coros de El Sistema. Entonces, para hacer los montajes sinfónicos corales o las óperas, cuando se requería un desarrollo vocal más avanzado, teníamos que apelar a coros del interior, que igual eran de El Sistema, o coros invitados de otras instituciones”, comenta quien era en la época directora coral en uno de los tantos núcleos.
Ya para entonces no solo en Caracas había un desarrollo coral, también en Guárico, Lara, Aragua y Carabobo, lugares indispensables para el fortalecimiento del programa académico coral de la institución. “Es que eran los grandes estados que en ese momento contaban con coros juveniles y que sirvieron de base para todo lo que fue el desarrollo”.
Detalla que era una época de estrictamente movimiento orquestal. Los niños ingresaban al núcleo, entraban al coro e inmediatamente pasaban a la orquesta. “No había una estructura pensada estrictamente para los coros”, subraya Lourdes Sánchez en el piso 7 de la sede de Quebrada Honda, donde está la sala en la que ensayan para el concierto de este sábado 16 de mayo, en la sala Simón Bolívar, a las 5:00 pm.
“Cuando un joven de 14 años quería ingresar a una orquesta, ya se consideraba viejo. Estaba muy grande. No había un trabajo académico juvenil, simplemente era el niño que crecía dentro de El Sistema. El ingreso del joven no existía todavía para ese momento. Pero llega un tiempo en el que empieza a cambiar toda esa estructura académica de conformación de las agrupaciones. Se dice entonces que, ya desarrollado el proyecto orquesta, es momento de impulsar el modelo coral sistemáticamente. Entonces se abre el ingreso de jóvenes para que tomaran esa decisión de cantar o tocar”.

Cuatro décadas
Lourdes Sánchez tiene 40 años en El Sistema. Con estudios en el Conservatorio Juan José Landaeta y egresada de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, actualmente es la directora musical de la Coral Nacional Simón Bolívar y gerente del programa académico coral.
Un recorrido que ha incluido una labor docente en distintos niveles, así como en la difusión del repertorio coral a cappella y los montajes sinfónico-corales. Fundó Los Niños Cantores de Venezuela y, como arpista, formó parte del Ensamble de Arpas Clásicas Cecilia de Majo de El Sistema. Además, fue responsable de la Cantoría Ludus Vocaliter.
Entre sus logros recientes con la agrupación está la grabación del álbum Huáscar Barradas Four Elements Immersive Symphony for Orchestra and Chorus, que ganó el Grammy Latino a Mejor Álbum de Música Clásica en 2023, así como En canto de Navidad, de 2025.
“Mucha gente piensa que han transcurrido mucho más de 20 años porque ha sido un trabajo maravilloso con un desarrollo, además, internacional vertiginoso en grandes escenarios, pero ha sido un trabajo incansable”, comenta.
No fue fácil elegir el repertorio para el concierto aniversario de la Coral Nacional Simón Bolívar. Han sido como 600 obras solo para coro interpretadas en este tiempo, a las que se suman unas 200 para coro y orquesta, entre óperas, oratorios y sinfonías.

El programa está dividido en dos partes. La primera, dedicada a la espiritualidad con obras como “Salve Regina”, “The Conversion of Saul” y “O salutaris Hostia”. No está oculto el vínculo entre el canto y la divinidad. De hecho, la palabra para la tradición escrita es el inicio de todo: «”¡Que haya luz!”. Y hubo luz».
Y la segunda parte está centrada en los sonidos del mundo, con obras de diversos autores, entre ellos varios venezolanos. En ese momento del concierto se escucharán tanto “Let My Love be Heard”, de Jake Runestad, como “El tramao”, de Luis Laguna.
Para la directora de la Coral Nacional Simón Bolívar, es una selección que destaca a esos compositores venezolanos, tanto de la escuela madrigalista como de la música popular.
Con respecto al poder de la música coral, esa fuerza que puede hacer llorar al público absorto en una dinámica que resulta inexplicable en un concierto, responde: “Digamos que dentro de la música coral se da esa sensación de mover la sensibilidad humana. Es un trabajo en colectivo en el que se unen cada uno de esos corazones de todas las personas que lo interpretan. Y en la medida que hay verdadera exposición con lo que se está diciendo, con lo que se está cantando, desarrollamos la palabra a través del sonido de la música. De acuerdo con lo que estamos expresando, eso realmente tiene una carga energética y emotiva”.
Y es que en una coral, si bien puede haber solistas, el cuerpo máximo es la agrupación que canta al unísono para recrear pasiones repartidas entre sopranos, contraltos o altos, tenores y bajos. Por eso, en la multitud se entremezclan todos sin importar nombre ni trayectoria.
En el ensayo se ve, por ejemplo, a Deborah Emperatriz, una de las cantantes de El Sistema con mayor proyección en las tarimas caraqueñas. Pero esa mañana, y ese sábado 16, será una más que aporte todo a ese cuerpo de voces.

Los retos
Como toda carrera, y más con dos décadas encima, los desafíos del tiempo son ineludibles. Y más cuando se trata de un mundo vertiginoso en el que la tecnología va a pasos agigantados, y en el que la vorágine de cambios constantes en las maneras de consumir cultura no son los de antes.
La directora de la Coral Nacional Simón Bolívar no piensa mucho cuando le toca responder por los desafíos.
“Una de las cosas que más nos restringe es el acceso a música nueva, a nuevos repertorios. Y eso nos limita para contactar con las nuevas propuestas que hay de música coral en el mundo. Eso nos retrasa. Es verdad también que podemos compartir con otras agrupaciones, con nuevos compositores a través del conservatorio itinerante, que nos permite traer a músicos y maestros cada año”, señala Lourdes Sánchez.
La idea es mantener la ventana abierta al mundo para medirse de tú a tú con otras corales. Saber qué se está haciendo en otras latitudes. Pero no es sencillo. “Algunas casas de música, por ejemplo, si quieres comprar una partitura, a veces te exigen la compra de mínimo 30 ejemplares. Y nosotros no tenemos esos accesos”.
“Aun así, El Sistema ha ayudado mucho a que nuevamente florezca la música coral en el país. En mi juventud, Venezuela era una gran referencia en el mundo. Teníamos acceso a los mayores festivales y concursos donde nuestras agrupaciones corales siempre se hacían presentes. Y había un desarrollo coral maravilloso que luego se vio afectado. Pero ahora siento que está nuevamente floreciendo y repuntando a través también de la formación de sus directores y cantantes. Hay también una nueva visión y respeto hacia el canto, que eso también es importantísimo como disciplina, como formación del joven; que no sea lo empírico, sino que hoy en día los muchachos están muy preocupados por su formación musical”.


