El rompecabezas en torno a Cole Allen, el hombre que lanzó el sábado pasado un ataque fallido contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sigue sumando piezas. Minutos antes de tratar de irrumpir en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, Allen se tomó un selfi armado ante el espejo de su habitación del hotel Hilton, en el que se había alojado el viernes y en cuyo sótano se celebraba una gala que junta al poder y la prensa cada primavera en Washington.
La foto la difundieron este miércoles las autoridades. Allen se enfrenta a tres delitos, el más grave de los cuales es el de intento de asesinato del presidente de Estados Unidos. Por este delito se expone a una condena a cadena perpetua.
Según consta en el documento judicial en el que la Fiscalía solicita prisión preventiva para el acusado, Allen usó su teléfono para tomarse una fotografía en el espejo de su cuarto el sábado a las 20.03 horas (02.03 del domingo en la España peninsular), unos 30 minutos antes del intento de asesinato.
El acusado viste en la imagen camisa y pantalones negros con corbata roja, y aparenta portar una bolsa pequeña con munición, una pistolera de hombro y un cuchillo enfundado, así como pinzas y cortadores de alambre.
Los nuevos documentos oficiales también contienen fotografías de las armas que le fueron incautadas cuando fue detenido: una escopeta Mossberg calibre .12, una pistola comprada en la armería Rock Island del .38, munición, dos cuchillos y cuatro dagas.
La Fiscalía presentó estas pruebas ante el tribunal federal del Distrito de Columbia con el objetivo de convencer al juez en una audiencia el próximo jueves de mantener al detenido en prisión preventiva sin fianza mientras espera juicio.
Según el relato oficial, Allen planeó durante semanas el ataque del pasado sábado. El 6 de abril reservó la habitación en el Hilton. El 21, salió de su casa.
Para urdir su plan, siempre según las autoridades, buscó información sobre la Cena de Corresponsales, uno de los eventos más señalados del calendario washingtoniano, al que estaba previsto que acudiría, por primera vez como presidente, Trump, además de buena parte de su Gobierno y unos 2.300 invitados.
Allen tenía previsto dejar su habitación el domingo por la mañana. Para entonces, ya había entrado en la historia de la violencia política de este país, y estaba detenido por las autoridades.

Profesor de 31 años, viajó en tren y autobús desde California hasta la ciudad de Washington. Salió de Torrance, la localidad de 150.000 habitantes cercana a Los Ángeles en la que vivió. En su travesía, pasó por Chicago, y de ahí saltó, siempre por tierra, a la capital estadounidense. El hecho de que atravesara la frontera de varios Estados portando armas, que adquirió legalmente, supone un delito federal, condenado con una pena máxima de 10 años.
Antes del ataque, programó el envío automático de una serie de correos electrónicos en los que se disculpaba con sus familiares y con aquellos con los que se pudo encontrar en su camino, explicaba sus motivos, reconocía que estaba dispuesto a matar al mayor número de miembros del Gobierno posible (“de mayor a menor rango”) y daba por hecho que el resto de invitados podía ser un “daño colateral aceptable”, aunque los descartaba como objetívos. En ese “manifiesto”, como lo definió Trump, se presentaba como “el asesino federal amable”.
Un vídeo publicado este miércoles por The Washington Post ofreció la imagen más nítida hasta la fecha del momento en que Allen trató de atravesar a la carrera un centro de seguridad en la planta inmediatamente superior al piso en el que se celebraba la gala, presidida por Trump. En esas imágenes, parece apuntar a un agente del Servicio Secreto. En el vídeo, de apenas cuatro segundos, puede verse cómo otro agente dispara al menos cuatro veces al acusado.
Es importante saber si Allen tuvo tiempo o no de disparar sus armas, porque el tercero de los delitos a los que se enfrenta depende de que eso quede probado. Por este, le podrían caer otros 10 años. Las condenas en Estados Unidos son acumulativas.



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