La versión edulcorada que Delcy Rodríguez ofreció sobre el acuerdo petrolero con Estados Unidos quedó bajo una lupa incómoda este lunes 31 de agosto, después de que la Casa Blanca publicara una hoja informativa con detalles que colocan el pacto en una dimensión mucho más amplia de la que el régimen chavista había presentado. Mientras la sucesora habló de un proyecto bilateral de 25 años que preservaría la soberanía venezolana, Washington aseguró que obtuvo derechos de control, participación económica y acceso preferencial sobre más de 65.000 millones de barriles durante el próximo siglo.
Rodríguez había asegurado que “Venezuela conserva la propiedad y la soberanía sobre sus recursos” y presentó el convenio como una alianza en la que el país aporta sus reservas, industria y trabajadores, mientras Estados Unidos proporciona capital y tecnología. También sostuvo que el acuerdo bilateral tendrá una duración de 25 años, contempla 17 campos estratégicos y apunta a elevar la producción por encima de 1,5 millones de barriles diarios.
Pero la Casa Blanca puso sobre la mesa una letra bastante menos discreta. Según el documento oficial, el régimen chavista concedió a North American Blue Energy Partners (NABEP), la empresa del bolichico Alejandro Beancourt concesiones de 100 años para desarrollar los 17 campos, con reservas probadas estimadas en unos 65.000 millones de barriles. Además, Washington afirma haber asegurado una participación accionaria de 35 % en la matriz de NABEP y derechos de gobernanza sobre la compañía.
El dato que más golpea la narrativa del régimen es el alcance del control estadounidense. La hoja informativa señala que el Departamento de Estado tendrá derecho a comprar a costo de producción un 20 % de la producción de los campos actuales y futuros operados por NABEP, además de un derecho de primera opción sobre el 80 % restante. El Gobierno estadounidense también tendrá poder de veto sobre integrantes de la junta directiva y la mayoría de los miembros de ese órgano deberán ser ciudadanos estadounidenses.
Es decir, mientras Rodríguez presentó el acuerdo como una vía para que Venezuela convierta sus reservas en empleo, inversión y recursos fiscales, Washington lo vendió abiertamente como una operación para “asegurar el dominio energético estadounidense”. La Casa Blanca incluso aseguró que el pacto garantiza la posición energética de Estados Unidos “durante el próximo siglo” y que todo ello se realizará sin costo para el contribuyente estadounidense.
Y Washington no escondió el componente geopolítico. El documento afirma que Trump ha “reestablecido la Doctrina Monroe” y que el acuerdo busca desplazar de los campos venezolanos a empresas y actores rusos, chinos y vinculados al chavismo. El petróleo venezolano, además, será utilizado para abastecer refinerías estadounidenses y contribuir a la reposición de la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos.
La revelación deja una pregunta difícil de esquivar: ¿son 25 años de acuerdo bilateral, como explicó Delcy, o concesiones de 100 años como detalla la Casa Blanca?
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