OJO !! Volvió María Corina Machado: lo bueno, lo malo y lo terrible del nuevo escenario político

Samuel J. Gómez

Las politólogas María Isabel Puerta y Paola Bautista evalúan los escenarios que abre el regreso de María Corina Machado a Venezuela

El regreso de María Corina Machado al país reconfigura el tablero político y abre una ventana de presión ciudadana. Sin embargo, la viabilidad de este momento depende de superar las históricas fisuras de la oposición, la incógnita sobre si el oficialismo optará por seguir cediendo o por dilatar los procesos y calibrar la influencia de Washington para evitar que la transición en el país se estanque.

Lo bueno: capital político in situ, movilización y contrapeso

El consenso entre las analistas apunta a que era necesaria la presencia física del liderazgo en el terreno. Para María Isabel Puerta, politóloga e investigadora, el regreso de Machado era una necesidad ineludible para el movimiento democrático.

«A pesar de cómo se ha ido imponiendo el mundo virtual en la política, nada sustituye ese acercamiento del líder político con la gente, que la gente lo perciba cerca y, sobre todo, la capacidad de organización», afirma la politóloga.

Puerta insiste en que la presencia de Machado en el país rompe la dinámica de la comodidad oficialista y obliga al interinato a lidiar cara a cara con una figura que tiene un gran arraigo popular.

«Delcy Rodríguez está muy incómoda con la presencia de María Corina, porque en el proceso de negociación que se está llevando, Dinorah Figuera ha sido muy clara. Ella no tiene ni una aspiración política. Lo que está sirviendo es de puente para canalizar un proceso. Entonces, eso es una enorme oportunidad para María Corina Machado, para que entonces se dedique a hacer lo que tiene que hacer, que es organizar a la gente», dice.

Esta lectura coincide con la de Paola Bautista, politóloga y dirgente de Primero Justicia, quien destaca que la respuesta popular ante su llegada demuestra que «el espíritu libertario de los venezolanos y las ansias de democracia están renovados».

La analista también valora los primeros pasos de la dirigente en Caracas, como sus encuentros con familias de presos políticos y líderes como Juan Pablo Guanipa. «Eso da un mensaje de integración que es muy conveniente» y que las señales de apertura mediática vistas tras su arribo muestran que «quienes están actualmente en el poder deberían canalizar democráticamente e institucionalmente el querer de la gente».

Lo malo: el fantasma de la desunión opositora y la resistencia oficial a ceder

Bautista considera que un desafío crítico para Machado es la cohesión interna entre los distintos liderazgos opositores. La experta destaca que la clave de este momento es «que se puedan articular los esfuerzos que hay en la mesa de diálogo, en donde están sentados delegados de la Asamblea Nacional de 2015, con la fuerza popular que ella trae», un punto de encuentro que considera fundamental para institucionalizar la presión social.

A este reto, la presidenta del Instituto FORMA suma la exigencia diplomática de «mantener muy buena relación con Estados Unidos», que actúa como tutor y garante del proceso de diálogo.

En sus primeras declaraciones a la prensa tras su retorno, Machado aclaró que no forma parte de la mesa de diálogo, aunque expresó su expectativa de que el proceso cumpla su cometido principal: designar nuevas autoridades judiciales y electorales para convocar a elecciones.

A pesar de mantener distancia con las negociaciones en curso, la dirigente ha sostenido encuentros con diversos sectores políticos para evaluar la conformación de un proyecto unitario. En ese contexto, la Plataforma Unitaria le hizo entrega de un documento con 14 propuestas orientadas a nutrir el «Gran Acuerdo Nacional».

Frente a estas articulaciones, Puerta considera imperativo revisar las lecciones de las transiciones de 1935 y 1958, cuando, tras la muerte de Juan Vicente Gómez y la caída de Marcos Pérez Jiménez, respectivamente, el sectarismo y la incapacidad de tejer pactos amplios pusieron en riesgo la estabilidad del cambio democrático.

Por el lado del oficialismo, Bautista advierte que el principal riesgo sería «dilatar lo inevitable».

«Postergar las decisiones, crispar el ánimo público, no abrirse a la voluntad de apertura que hay en la sociedad venezolana y mostrar una resistencia hacia el destino que el Departamento de Estado ha aclarado es algo que no le conviene a nadie, y a los que menos le conviene es a quienes están en el poder», asevera la analista, enfatizando que Miraflores, de irse por este camino, desperdiciaría una oportunidad para canalizar pacíficamente las exigencias del país

Lo terrible: paralización y perpetuación

De acuerdo con Puerta, el escenario más complejo sería el de un status quo indefinido, en el que la Casa Blanca perpetúe el interinato de Delcy Rodríguez hasta el fin del mandato de Donald Trump en enero de 2029 y «le dejen esa bomba de tiempo al gobierno que venga».

«Es mucho lo que pueden hacer desde el punto de vista de preservación en el poder. Esa gente está luchando por la supervivencia política. Y, bueno, yo diría que más que política, lucha por su propia supervivencia», señala.

Pero Puerta destaca una «lucecita al final del túnel» aun dentro de ese panorama sombrío: la insostenibilidad en el tiempo del modelo de intervención actual una vez Trump deje el poder. A su juicio, incluso si el Partido Republicano logra retener la Casa Blanca en 2028, mantener esta línea exterior será sencillamente «insostenible» una vez que Trump concluya su mandato.

En este sentido, con las elecciones de medio término en EEUU el próximo 3 de noviembre, Puerta señala que un cambio en la composición del Congreso estadounidense —actualmente de mayoría republicana— expondrá los acuerdos entre los gobiernos de Trump y Rodríguez a un fuerte escrutinio judicial, especialmente el pacto suscrito con la petrolera North American Blue Energy Partners (Nabep), vinculada al empresario Alejandro Betancourt, para la explotación de 17 yacimientos por 100 años.

«Ese acuerdo no va a sobrevivir una prueba de auditoría o legalidad. Y eso creo que viene ahorita si los demócratas ganan la Cámara de Representantes, lo que muy probablemente va a enturbiar un poco esa luna de miel», asevera la politóloga.

Por su parte, Bautista sostiene que un escenario verdaderamente dañino sería «que la oposición venezolana se pelee con los Estados Unidos o se plantee una relación de fricción con quienes han sido sus principales aliados», combinado con la posibilidad de que en el poder «se imponga una fuerza inmovilista que no quiera caminar hacia la democracia y plantee un proceso de reversión autocrática».

«Es el escenario más complejo, pero también creo que es uno que tiene pocas posibilidades de ocurrir porque es el que menos le conviene a los actores involucrados», comenta la analista.

En cuanto al factor de la política interna estadounidense, Bautista sostiene una visión donde la agenda democrática venezolana tiene el potencial de mantenerse firme y trascender las discrepancias partidistas de Washington.

«Lo ideal para los venezolanos es que nuestra causa sea una causa del Estado norteamericano. Que en Venezuela haya democracia le conviene a todos, le conviene a demócratas y a republicanos, con independencia de quien esté en la Cámara de Representantes o en el Senado», sostiene.

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