Pragmatismo sostiene al chavismo en etapa de supervivencia

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Fuentes consultadas por TalCual coinciden en que el chavismo no atraviesa un proceso de capitulación ni de extinción absoluta, sino una fase de reorientación pragmática obligada por las circunstancias. Los especialistas concuerdan en que la prioridad de la actual administración es gestionar la coyuntura inmediata, sostener el control territorial e institucional y utilizar el manejo de narrativas en plataformas digitales para contener la fragmentación interna y ganar capacidad de negociación frente a Washington

El chavismo atraviesa una etapa de reconfiguración marcada por el debilitamiento de sus bases, la pérdida de referentes ideológicos y una estrategia de supervivencia política que, según especialistas consultados por TalCual, responde más al pragmatismo que a la construcción de un proyecto de largo plazo. Las decisiones adoptadas por el oficialismo tras la declaratoria de ausencia forzosa de Nicolás Maduro no responden a una consulta con las bases, sino a una dinámica de poder altamente centralizada.

El hallazgo central que une las lecturas de los analistas revela que la cúpula gobernante ha sustituido el proyecto histórico por una «preservación estratégica» del poder. En este contexto de tutelaje geopolítico e incertidumbre internacional, la directiva del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) apela a la desideologización y al uso orquestado de un amplio ecosistema digital para neutralizar a las facciones descontentas internas y justificar las concesiones hechas ante los Estados Unidos como maniobras de adaptación necesarias.

Esta forma de conducción no es nueva en la dinámica del grupo gobernante. Durante los últimos años, las decisiones se concentraron progresivamente en el Ejecutivo y en una cúpula cada vez más reducida, sostenida menos por estructuras partidistas que por lealtades personales y vínculos militares. A ello se suma el impacto social acumulado por el descontento salarial y la respuesta estatal tras los terremotos de junio en La Guaira, episodios que profundizaron la erosión del respaldo en territorios históricamente alineados con el oficialismo.

Las fuentes consultadas por este medio coinciden en que el chavismo no atraviesa un proceso de capitulación ni de extinción absoluta, sino una fase de reorientación pragmática obligada por las circunstancias. Los especialistas concuerdan en que la prioridad de la actual administración es gestionar la coyuntura inmediata, sostener el control territorial e institucional y utilizar el manejo de narrativas en plataformas digitales para contener la fragmentación interna y ganar capacidad de negociación frente a Washington.

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Chavismo perdió cohesión

La historiadora Margarita López Maya sostiene que las decisiones adoptadas por el oficialismo en los últimos meses —entre ellas los acercamientos con Estados Unidos, la liberación gradual de presos políticos y el desplazamiento de algunos dirigentes tradicionalmente asociados con el ala más radical— obedecen a un esquema donde la cúpula decide sin consulta previa. “Las bases pueden tener espacios para conversar, debatir o incluso quejarse, pero no para decidir. Las decisiones se toman arriba”, señala.

Para la especialista, el problema no es únicamente organizativo. Considera que el chavismo perdió buena parte de la identidad ideológica que alguna vez intentó proyectar. En su lectura, lo que permanece es una estructura política acostumbrada a obedecer y algunos sectores radicalizados con escasa capacidad para reconstruir un movimiento de masas. Dirigentes identificados como del «chavismo tradicional» como Iris Varela, Elías Jaua o Mario Silva, agrega López Maya, tendrían hoy un margen reducido para influir en el rumbo del oficialismo.

Maduro

La analista considera que podrían existir conversaciones entre grupos inconformes para intentar preservar una corriente chavista más cercana a sus orígenes, pero duda de que esas iniciativas cuenten con suficiente fortaleza política, social o internacional para convertirse en una alternativa real. “Si algo hizo el madurismo fue destruir las bases del chavismo”, afirma.

Desideologización

Esta lectura sobre el cambio en el eje ideológico es complementada por el politólogo Piero Trepiccione. Explica que la sustentabilidad del PSUV se sostiene hoy sobre un proceso de desideologización profunda diseñado para adaptarse a las exigencias de preservación estratégica del poder y sostener el control territorial e institucional frente a Estados Unidos.

«El gobierno, el PSUV, el psuvismo, el chavismo en general maneja un ecosistema digital importante en las multiplataformas digitales. Ese ecosistema, digamos, tiene una fuerza, una capacidad de orquestación extraordinaria y coloca, digamos, sobre el tapete los temas más importantes asociados a la estrategia de preservación del poder. Y allí, pues, son invisibilizados o minimizados los sectores que de alguna manera han tratado de cuestionar dentro del chavismo el nuevo formato de pragmatismo en el marco de la relación con Estados Unidos», precisa Trepiccione.

Para el politólogo, la reconfiguración actual no implica que el pensamiento originario haya quedado extinto, sino que las urgencias de la cúpula obligaron a replegarlo del debate público.

«El chavismo vive una reconstrucción, una reconfiguración y está soportada sobre el pragmatismo. No podemos decir que hay una desaparición definitiva de la ideología, del movimiento ideológico que dio soporte al chavismo, pero sí está claro que hay una adaptación pragmática a las nuevas circunstancias y esa adaptación pragmática a las nuevas circunstancias hace que en el ecosistema digital que orquesta el chavismo esté evidentemente disociado en este momento el tema ideológico, pero no significa que haya desaparecido del todo», analiza.

Sobrevivir antes que reconstruir al chavismo

Para Margarita López Maya, Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez ejecutan una estrategia centrada en mantener espacios de poder y preservar su supervivencia política. No descarta que ambos intenten conservar una parte de la base chavista para sostenerse en un eventual escenario electoral, pero considera que sus decisiones actuales responden principalmente a las circunstancias inmediatas.

“Lo que priva allí es el pragmatismo para mantenerse en el poder”, explica. Argumenta que gestos hacia sectores tradicionales del chavismo, referencias a figuras históricas o determinadas decisiones sobre presos políticos podrían funcionar como mecanismos para demostrar que todavía mantienen cierto margen de maniobra frente a sus propios seguidores y ante Estados Unidos. La liberación paulatina de detenidos políticos, por ejemplo, podría ser interpretada —según la especialista— como una herramienta de negociación y una forma de conservar capacidad de interlocución. «No sabemos si quieren sobrevivir políticamente como una cara del oficialismo o simplemente sobrevivir personalmente», apunta.

La especialista también relaciona el debilitamiento del oficialismo con el impacto político de la respuesta gubernamental tras los terremotos que golpearon La Guaira. Según su evaluación, ese episodio dejó en evidencia las limitaciones del Estado y profundizó el descontento en territorios que históricamente habían sido considerados bastiones del chavismo. A esto suma el malestar generado previamente por la situación salarial y laboral. A su juicio, la falta de respuestas a las demandas de los trabajadores desde el 1 de mayo habría acelerado la pérdida de apoyo entre sectores que tradicionalmente acompañaron al oficialismo.

La reducción de la presencia pública de algunos dirigentes también sería, para la analista, consecuencia de la necesidad de presentar un oficialismo más compatible con el nuevo escenario político. En ese contexto, figuras como Iris Varela tendrían dificultades para encajar en una eventual estrategia de acercamiento con Estados Unidos debido a su historial político, su discurso confrontacional y sus vínculos con etapas anteriores del poder. Sin embargo, la especialista evita interpretar este desplazamiento como parte de una operación cuidadosamente diseñada por Delcy Rodríguez. “No creo que sea una estrategia maquiavélica para distanciarse del ala radical. Creo que lo hacen impulsados por la necesidad de sobrevivencia política”, sostiene.

Preservación estratégica y tutelaje geopolítico

Desde la perspectiva de Trepiccione, este comportamiento responde a una lógica de adaptación ante la disparidad de fuerzas en el plano internacional, donde la prioridad sigue siendo el sostenimiento del aparato estatal.

«Es una preservación estratégica. Son concesiones obligadas por las circunstancias geopolíticas, por la supremacía tecnológico-militar de los Estados Unidos y esa relación geopolítica sobre la base de la nueva estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos. Pero no es una capitulación, es una adaptación pragmática para mantener el poder, para seguir en la lucha política y seguir pues teniendo el control territorial del país», argumenta el analista.

Recalca que el oficialismo ejecuta una maniobra en dos frentes simultáneos: responder a las líneas externas mientras blinda el control interno. «Hay un doble elemento aquí: uno es el adaptarse a esas circunstancias y a esas demandas, a esas líneas, esas orientaciones que impone la línea geopolítica de Washington, pero al propio tiempo también hay una estrategia propia de preservación del poder que está asociada, digamos, a mantener el control territorial, el control partidario de la base partidaria y el control, digamos, de las instituciones del país».

En su opinión, el margen de autonomía del liderazgo oficialista se encuentra condicionado por las exigencias del nuevo contexto internacional. López Maya coincide en que cualquier intento de reorganización tendría dificultades para competir en el corto plazo y descarta paralelismos directos con movimientos como el peronismo argentino, al considerar que este último desarrolló bases obreras y sindicales más sólidas, mientras que en Venezuela el chavismo dependió en mayor medida de la figura personal de Hugo Chávez.

Para la historiadora, la interrogante central ya no es únicamente quién heredará el liderazgo del chavismo, sino si existe todavía una estructura ideológica capaz de sobrevivir a la transformación política del país. A su juicio, el oficialismo no muestra señales de estar construyendo un proyecto de mediano o largo plazo, sino una administración de las circunstancias inmediatas: “Es un pragmatismo político para sobrevivir. Encuentran una brecha, se meten por ahí, hacen una cosa hoy y otra mañana, y ya veremos si logran mantenerse en el poder”.

Trepiccione concluye que esta reorientación no busca la pasividad de la militancia, sino su alineamiento narrativo para impedir que la oposición capitalice la coyuntura.

«En este momento la clave de este proceso de preservación estratégica del poder ante las circunstancias de tutelaje geopolítico es justamente mantener la cohesión interna en lo posible para garantizar el control institucional y el control territorial del poder en Venezuela. Más que un adormecimiento es una especie de reorientación de la base partidaria y de las fuerzas políticas para sostener el poder. Y aquí es clave el uso de narrativas. Narrativas orquestadas, especialmente desde las diferentes multiplataformas digitales, para generar fragmentación, división, descrédito del liderazgo alternativo en el país y poder, digamos, en ese marco de descrédito generalizado, mantener el poder», cierra el analista.

Aunque López Maya no descarta que el chavismo pueda conservar sectores de apoyo o reinventarse bajo nuevas figuras, concluye que la estructura política que dominó Venezuela durante más de dos décadas atraviesa un proceso de fragmentación cuyo desenlace todavía resulta incierto.

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