Este sábado, miles de manifestantes recorren las calles de Francia en una nueva jornada de protestas contra el aumento del costo de vida. Aunque la violencia fue menor que en ocasiones anteriores, las autoridades permanecen en alerta ante posibles disturbios.
Las calles de París y otras ciudades francesas vuelven a llenarse de manifestantes este sábado, en una nueva jornada de protestas contra el encarecimiento del costo de vida. Aunque algunos choques se registraron, fueron considerablemente menores en comparación con la violencia de marchas pasadas, lo que sugiere un cambio en la dinámica de estas manifestaciones.
Este es el tercer fin de semana consecutivo en que los ciudadanos se movilizan, en un contexto de extremas medidas de seguridad impuestas por el gobierno de Emmanuel Macron. Se han desplegado decenas de miles de policías y gendarmes, especialmente en París, con el objetivo de prevenir incidentes violentos y saqueos que marcaron protestas anteriores.
A pesar de que faltan seis meses para las elecciones presidenciales, la preocupación por el clima de descontento es palpable. Las autoridades están alerta ante la proliferación en redes sociales de llamados a la “revolución” y la “insurrección”, así como por la posibilidad de manifestaciones “espontáneas” no autorizadas durante la noche de Halloween.
El movimiento de protesta, que incluye a activistas de los “chalecos amarillos”, sindicatos y estudiantes, comenzó con demandas centradas en la inflación y el deterioro de las condiciones educativas. Sin embargo, tras las medidas represivas de las fuerzas de seguridad y las lesiones sufridas por algunos manifestantes, sus reivindicaciones se han ampliado para incluir la defensa de las libertades civiles y el derecho a protestar.
En París, varios miles de manifestantes, algunos disfrazados de personajes icónicos como Spiderman y Mario, comenzaron a marchar en la tarde, portando pancartas que clamaban por la “alerta climática y el costo de la vida”. Los organizadores denunciaron que se les había impedido marchar por el centro de la ciudad, lo que consideran un nuevo obstáculo al derecho a manifestarse.
En total, alrededor de 15.000 personas se unieron a las protestas en toda Francia, donde, según el Ministerio del Interior, la situación se mantiene “en general en calma” y “sin incidentes destacables”. A pesar de ello, la policía detuvo a 27 personas, una cifra notablemente menor a las 217 arrestadas la semana pasada.
El líder de la izquierda radical y candidato presidencial, Jean-Luc Mélenchon, denunció en redes sociales la “deriva hacia el autoritarismo” del Gobierno y subrayó la intención de los manifestantes de “velar por el respeto de los derechos fundamentales”.
En la capital, el despliegue policial es evidente: decenas de estaciones de metro están cerradas y muchos comercios han reforzado sus escaparates con paneles de madera. Se espera la llegada de entre 400 y 800 activistas de “extrema izquierda”, lo que mantiene en alerta a las autoridades.
En ciudades como Lyon y Rennes, las marchas han comenzado, aunque el clima es tenso. Un manifestante en Rennes expresó su inquietud, describiendo la situación como “la calma antes de la tormenta”. Las autoridades han advertido sobre la posibilidad de disturbios que podrían extenderse hasta bien entrada la noche.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, ha dejado claro que la noche de Halloween no será un pretexto para alterar el orden público, recordando que, aunque la legislación permite el uso de mascarillas en fiestas, su uso está prohibido en manifestaciones.


