La estrategia de transición gradual que encabeza Dinorah Figuera en las negociaciones con el chavismo ha generado fricciones dentro de la oposición venezolana. Tras el cierre de la tercera ronda de conversaciones el pasado 22 de octubre, sin que se lograran acuerdos definitivos, diversos sectores reclaman avances concretos y una fecha para las elecciones presidenciales en el país.
Figuera, quien lidera la delegación opositora en el proceso respaldado por Estados Unidos, ha sostenido que es necesario ejecutar cambios estructurales antes de acudir a las urnas. Entre sus planteamientos destacan la depuración del Registro Electoral, la renovación del Tribunal Supremo de Justicia y la restitución de garantías para las organizaciones políticas. Según lo expresado por la dirigente, los comicios podrían celebrarse entre finales de 2027 y principios de 2028, una vez que existan condiciones que aseguren la credibilidad del evento.
Esta postura ha sido recibida con escepticismo por parte de sectores que temen que el ritmo de las negociaciones permita al oficialismo ganar tiempo. La falta de un calendario electoral definido mantiene abierta la discusión sobre la profundidad de las reformas institucionales antes de convocar a las urnas. Mientras tanto, las protestas opositoras han insistido en la necesidad de un cronograma y han puesto sobre la mesa el retorno de figuras como María Corina Machado, cuya ausencia en la mesa de diálogo ha sido señalada como un punto de crítica recurrente.


