El regreso a Venezuela de la líder opositora María Corina Machado se ha visto condicionado por disputas diplomáticas entre Donald Trump y líderes del chavismo. Un reportaje publicado por el medio The New Yorker reveló detalles sobre la compleja relación entre la administración estadounidense y la Premio Nobel de la Paz 2025.
Según el medio, Washington ha frenado el retorno de Machado a Venezuela durante los últimos seis meses, llegando incluso a plantearle en su momento la opción de ser propuesta como Secretaria General de Las Naciones Unidas.
Sin embargo, tras los terremotos registrados el 24 de junio en Venezuela, Machado planificó su retorno al país. Ante este escenario, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habría instruido a Delcy Rodríguez garantizar la seguridad de la dirigente de oposición una vez que llegara a territorio venezolano.
No obstante, el avión en el que se desplazaba Machado desde Curazao fue desviado de su ruta original, decisión que, según el medio, obedecería a indicaciones directas emitidas desde Washington.
En otro intento por regresar a Venezuela desde la Ciudad de Panamá, la aerolínea Copa Airlines impidió a Machado abordar el avión tras presiones y advertencias de represalias por parte del oficialismo venezolano. Ante lo sucedido, la dirigente emitió un mensaje a sus seguidores reafirmando su compromiso de regresar al país.
A pesar de las restricciones, la dirigente de oposición activó de inmediato su red de colaboradores desde Washington para desplegar puntos de asistencia y resolver emergencias puntuales por los terremotos.
La acción de su equipo abarcó desde la provisión de equipos tecnológicos, como computadoras para el análisis de tomografías en centros de salud, hasta la mediación directa para permitir el paso de rescatistas en las zonas fronterizas.
Una fuente de amplia trayectoria reveló a The New Yorker que la figura de la dirigente de oposición ha sido utilizada como herramienta táctica para ejercer presión sobre la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Sin embargo, en la práctica, la diplomacia estadounidense ha optado por respaldar a otros actores de la oposición.
Una muestra de ello se concretó recientemente cuando Washington promovió la participación de la dirigente Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, al considerarla una figura de perfil más conciliador para el proceso de diálogo y negociación que iniciará el próximo 1 de agosto.


